A 34 días de las elecciones de este 29 de octubre, en medio de pronósticos, opiniones y especulaciones de todo tipo, y el nerviosismo y temor de los equipos políticos, avanzan las campañas. El cuadro muestra un grado intenso de rivalidad, de alianzas que se perfilan, se insinúan y mueren. Es evidente lo que está en juego para el departamento y sus 25 municipios: si se mantiene una gobernación de un clan familiar, pero, sin limitarse a ello, una organización política, que fue elegida por los votos del territorio al primer cargo seccional y al Congreso de la República.
Todas las apuestas están en que esa maquinaria, que se aprecia formidable, se impondrá en octubre, manteniendo su predominio. Ese pronóstico se basa en un efectivo trabajo político, basado en los favores, puestos y contratos, de familiares, compadres y amigos —la forma habitual de ejercer la política en la provincia colombiana—, en la efectividad de un sector de gobierno que completaría casi 30 años en el poder y ha gozado de recursos fiscales extraordinarios por la minería del carbón, las cuales se han aplicado, no pocas veces, según reiteradas denuncias, en obras inconclusas, inoperantes o fruto del despilfarro.











