Decía sabiamente mi padre que cada quien labra su destino. Cierto es, por lo general personas que se descarrilan terminan mal en el cementerio o en manos de las autoridades.
Lo incomprensible es y a la vez es tema de reflexión cuando hombres de bien parten hacia la eternidad a prematura edad. Es el caso de la reciente e inesperada partida del maestro Omar Geles Suárez, quien sin previo aviso en la etapa más importante de su vida dejó huérfana a una sociedad de seguidores quienes admiraban y disfrutaban de su magistral talento.
En la plaza y en todos los rincones del valle se escuchaba que san Pedro le cursó invitación abriéndole las puertas del cielo porque necesitaba del talento del artista para distraerse en sus momentos dulces y disfrutar de su afamada y sonora acordeón.








