En 1849, el descubrimiento de una pepita de oro cerca de San Francisco provocó una inmigración descontrolada. Cuando la ilusión terminó, quedaron pocos ganadores y una mayoría que regresó con las manos vacías. Sin embargo, aquel masivo movimiento humano llevó el progreso al oeste de los Estados Unidos.
Fuente: La fiebre del oro en California: aventuras y codicia en la historia que cambió para siempre el sueño americano.
Jhon Sutter proveniente de Suiza se instala en California (Estados Unidos) en 1938, al llegar al territorio americano, nunca pensó que iba a ser testigo del descubrimiento de oro por parte de un hombre más joven que él, se trata de James Marshall, a quien contrató para la construcción de un aserradero a la orilla de un río. Para sorpresa de aquella mañana en 1849, el operario Marshall extrae un material con un brillo que inmediatamente les asaltó los ojos a Sutter.










