Ya no hay pollo que pique;
todo se llenó de calma,
pero me duele en el alma
la partida de ‘El Cacique’.
Se acabó la alegría
del vallenato jocoso,
de los versos sabrosos
que cantó Diomedes Díaz.
Ahora es sobrenatural,
un ser de otro planeta.
Ahora sí quedó perfecta
su escarapela de inmortal











