Protegida de los años, la lluvia y el sol por un frondoso árbol de mango, permanece el templo de la dinastía Díaz en el barrio San Joaquín de Valledupar. La moneda con la figura de Diomedes Díaz, el más grande y fundador de la dinastía, da la bienvenida a visitantes locales y turistas de todas las partes del mundo donde haya sonado una composición del Cacique o sus hijos.
Debajo del mismo árbol de mango se esconden del sol del mediodía sobrinos, primos, nietos, vecinos, concentrados en una pequeña mesa rima jugando dominó. Es una nueva generación en la que el mayor no supera los 20 años pero que comparte las costumbres aquellas.
Dentro de la casa el ambiente es cultural, desde paredes, puertas, sillas, en cada metro vive la historia. Semanas antes de la conmemoración de la muerte del Cacique, 22 de diciembre, la casa se prepara para recibir mayor afluencia de visitas de lo normal, igual que para el Festival Vallenato. Medios de comunicación, cercanos, amigos, familiares, llegan a presentar condolencias y recordar a los que ya no están.











