En aquel mundial juvenil de Rusia 1985, Wilson James Rodríguez marcó el segundo gol de Colombia en el empate 2-2 ante Hungría; fue de una factura similar al que anotó su hijo, el primero en la victoria 2-0 sobre Uruguay en el Mundial de Brasil 2014.
El 24 de agosto de 1985, el padre del hoy goleador del certamen orbital ‘carioca’, tomó un balón frontal sobre 24 yardas y sacó un derechazo que se metió de pica barra en el arco húngaro; el sábado anterior esa misma faena se repitió, con la diferencia que James Rodríguez (hijo) bajo el balón con el pecho y sin dejarla caer y desde la misma distancia remató al arco de Muslera: de igual forma la pelota pegó en el palo más largo, picó adentro y subió de nuevo para tocar la malla.
Coincidencias en tiempo y forma: la historia se encargó de poner dos acciones en la vitrina del recuerdo: James Rodríguez (hijo) desempolvó la hazaña de su padre, con la diferencia que aquella selección de Alfonso Marroquín se quedó en octavos de final del mundial juvenil, mientras que su hijo condujo a su país a cuartos de final en la máxima fiesta del balompié orbital.






