Con sus dos compañeros de guerra, Álvaro Vidal e Irma Gómez, sin tener un escolta a su espalda, y con la firme convicción de agradecerle a Dios por la medalla de bronce conseguida hace un año en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, llegó Óscar Luis Muñoz Oviedo a la parroquia Inmaculada Concepción.
La mañana de hoy era diferente. Aunque Muñoz Oviedo asegura que cada día al levantarse se encomienda y da gracias a Dios por el histórico logro, hace 365 días, a las 8:00 de la mañana era un completo desconocido en el deporte del taekwondo, y simplemente buscaba la consagración divina ante el mundo entero.
La eucaristía ofrecida por la Asociación de Periodistas Deportivos del Cesar, Acord- Cesar, estuvo a cargo del párroco, Jesús Alberto Torres Ariza, quien en su homilía dijo a Muñoz y a los pocos asistentes: “Una medalla es un triunfo, pero no se puede olvidar que es una gloria de Dios, una corona se marchita, un deportista si deja de practicar pierde la rutina y si el ser humano deja a un lado la oración, se va perdiendo la vida cristiana”.






