Carlos Mario Rojano se encontró en Sincelejo con un tío al que no conocía y al que toda la familia daba por muerto debido a que habían pasado más de 30 años, sin tener noticias de él; esa es la mayor anécdota vivida por el boxeador que le ha dado al Cesar medallas en cada uno de los campeonatos nacionales donde ha participado y que halló apoyo en la alcahuetería de su abuelo que lo quiere ver como campeón mundial.
“Mi abuelo de crianza es quien más me ha apoyado en esto del boxeo, ese viejo es mi alcahueta”, dijo.
Poco a poco la ilusión del anciano se va cumpliendo porque su nieto está haciendo las cosas bien pese a las dificultades que ha tenido para practicar el boxeo, todo por la poca ayuda que brindan las entidades encargadas de masificar el deporte. Su mayor tristeza la vivió en noviembre del año pasado cuando el encargado de la delegación del Cesar de Juegos Nacionales le dejó esperando transporte en Bosconia por más de tres horas cuando regresaban a Valledupar de Montería donde perdió con un valluno 20-19, en un fallo que el público de Cereté protestó porque estaban seguros que había ganado el del Cesar.






