Sus ojos no disimulan la tristeza, mientras sus lágrimas se asoman, dan rienda suelta y corren entre sus rústicos pómulos, como aquel río desbordado en plena furia de invierno.
La mirada de Manuel Prescott queda fija mientras se le pregunta por el valor deportivo que está a punto de guardar en el baúl de los recuerdos.
Calla, luego medita al ver cómo se derrumbarán más de 45 años de historia; el gimnasio ‘Jesús Penso’ pasará a ser una leyenda como testigo de miles de batallas; también como forjadores de talentos que brillaron en la geografía del boxeo nacional e internacional.






