“Esto es una satisfacción que no es monetaria”. Con esta frase, un joven de unos 26 años, vestido con su pijama quirúrgica, responde a la curiosidad que causa ver a tantas personas reunidas en el tradicional Parque de las Madres de Valledupar. Están allí congregados alrededor de la pasión del fútbol, pero más exactamente, de la colección de láminas y el éxtasis que genera llenar el álbum de la Copa del Mundo 2026, comercialmente conocido como Panini.
Este entusiasta coleccionista es Marcelo Beltrán, un odontólogo de profesión que comparte la fiebre mundialista con su padre (del mismo nombre) y ahora con su pequeño hijo. “Tenemos más de seis cartillas llenas en casa desde 1998. Como te digo, esto es un sentimiento. Lo que buscamos es que, cuando nuestros hijos crezcan, miren estos álbumes y recuerden los jugadores que pegamos juntos. Es dejarles un bonito recuerdo“, señala Beltrán, mientras intercambia figuras, y quien, orgullosamente, exhibe a Kylian Mbappé en el forro de su celular.
Historias como la de los Beltrán se repiten a diario en este icónico rincón de la capital del Cesar, y se acrecientan a medida que se acerca la gran cita orbital. El regreso de la Selección Colombia a la Copa del Mundo reactivó el epicentro de la nostalgia y el comercio de figuritas. Allí, lo que empezó como un juego de niños es hoy un fenómeno cultural y económico que mueve millones de pesos.











