“Esto es una satisfacción que no es monetaria”. Con esta frase, un joven de unos 26 años, vestido con su pijama quirúrgica, responde a la curiosidad que causa ver a tantas personas reunidas en el tradicional Parque de las Madres de Valledupar. Están allí congregados alrededor de la pasión del fútbol, pero más exactamente, de la colección de láminas y el éxtasis que genera llenar el álbum de la Copa del Mundo 2026, comercialmente conocido como Panini.
Este entusiasta coleccionista es Marcelo Beltrán, un odontólogo de profesión que comparte la fiebre mundialista con su padre (del mismo nombre) y ahora con su pequeño hijo. “Tenemos más de seis cartillas llenas en casa desde 1998. Como te digo, esto es un sentimiento. Lo que buscamos es que, cuando nuestros hijos crezcan, miren estos álbumes y recuerden los jugadores que pegamos juntos. Es dejarles un bonito recuerdo“, señala Beltrán, mientras intercambia figuras, y quien, orgullosamente, exhibe a Kylian Mbappé en el forro de su celular.
Historias como la de los Beltrán se repiten a diario en este icónico rincón de la capital del Cesar, y se acrecientan a medida que se acerca la gran cita orbital. El regreso de la Selección Colombia a la Copa del Mundo reactivó el epicentro de la nostalgia y el comercio de figuritas. Allí, lo que empezó como un juego de niños es hoy un fenómeno cultural y económico que mueve millones de pesos.
El ‘bufete’ de los coleccionistas: de pasatiempo a negocio lucrativo
Jorge Bolaño es un abogado vallenato de 40 años que cambió temporalmente los juzgados por la fiebre del papel brillante. Lo que inició en el Mundial de Alemania 2006 como un esfuerzo por llenar su propio álbum, se convirtió en una empresa personal que florece cada cuatro años.
“Esta tradición la traigo desde mis padres; mi papá tiene todos los álbumes desde México 70 hasta Italia 90. En 2006 vine como coleccionista al Parque de las Madres a intercambiar ‘repetidas’, me di cuenta de que generaba un ingreso lucrativo y decidimos invertir en grande“, relata Bolaño.
Para Sudáfrica 2010, junto a su socio Kevin Álvarez, formalizó el puesto que hoy es el único referente de originalidad y confianza para los coleccionistas locales. “Aquí en Valledupar, todo el que quiera completar su álbum de forma segura tiene que venir donde Kevin y Jorge“, afirma con orgullo.
¿Cuánto cuesta la inversión en 2026?
La economía del coleccionista varía de forma drástica según la estrategia que se implemente para alcanzar la meta. Aquellos que deciden jugársela al azar, comprando sobres de manera individual en las calles, se enfrentan a un camino largo, lleno de la frustración que provocan las figuras repetidas y las llamadas “difíciles”. Bajo esta modalidad a ciegas, la inversión total puede superar fácilmente los cuatro millones de pesos.
Por el contrario, para quienes optan por la practicidad, el Parque de las Madres ofrece alternativas que alivian considerablemente el bolsillo, reduciendo el costo estimado a unos dos millones de pesos o incluso menos. En este punto, los comerciantes han diseñado estrategias para todos los presupuestos, incluyendo la cotizada modalidad del “set completo a pegar”, un paquete cerrado que le entrega al comprador el álbum de pasta dura junto con las 980 láminas exactas y garantizadas, listas para ser fijadas en sus respectivas casillas sin necesidad de sufrir por el intercambio.
Fiebre por Lucho Díaz: las láminas que valen una fortuna
En los sobres de esta temporada (que ahora contienen siete láminas), la figura indiscutible y más buscada en Valledupar es el guajiro Luis Díaz. Sin embargo, el mercado de los coleccionistas ha alcanzado niveles VIP con las llamadas “láminas extra”.
La escala de precios de la estrella de la Selección Colombia demuestra que la pasión futbolera también se mide en el mercado financiero. Mientras que una lámina básica y normal de Lucho Díaz se comercializa por un valor estándar de 30.000 pesos en el quiosco, una versión en bronce puede hacer que un coleccionista desembolse entre 400.000 y 500.000 pesos.
La cúspide de esta locura coleccionista la tiene la versión de oro, o dorada, una verdadera rareza cuyo valor comercial en el mercado informal de la capital del Cesar se dispara a niveles astronómicos, cotizándose con fuerza entre los 700.000 y los 900.000 pesos.
La joya de la corona
Actualmente, la mina de oro del puesto es la versión Gold de Vinicius Junior. “Hemos abierto entre 70 y 80 cajas para que saliera“, cuenta Jorge, quien recuerda la anécdota de un niño que casi rompe en llanto al descubrir que su padre no podía costear dicha figurita en el acto. Al final, les tocó compensarlo con otras láminas para devolverle la sonrisa al pequeño.
Una tradición intergeneracional: desde Jorge Oñate hasta los profesionales de hoy
El negocio de las láminas no distingue profesiones ni edades. Kevin Álvarez, economista de la Universidad Popular del Cesar y supervisor de cartera (actualmente en vacaciones para dedicarse de lleno a la temporada Panini), heredó la tradición de su abuelo, quien manejaba el quiosco del parque desde México 86.
“Aquí atendemos desde niños de 4 años hasta adultos de 80“, comenta Kevin. El desfile de personalidades locales por este puesto es histórico. Destaca al ‘Jilguero de América’, Jorge Oñate, de quien recuerda que era un cliente fijo que en cada mundial llenaba cuatro álbumes para sus hijos y nietos. También desfilan por allí médicos, abogados y artistas de la música vallenata como Orlando Liñán, quienes asisten al parque a comprar sus cajas selladas.
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“Me dan 15 millones por mis cinco mundiales llenos”
Entre la multitud destaca Fernando, un vallenato que está de vacaciones en la ciudad, proveniente de Chile. En solo seis días ya ha pegado 700 de las 980 láminas del álbum actual de pasta dura.
“Para mí la emoción es llenarlo lo más rápido posible antes de que las láminas falten y se pongan más caras“, asegura Fernando. Para él, esto trascendió el pasatiempo: “Ayer cargaba mis cinco mundiales anteriores totalmente llenos; me están ofreciendo 15 millones de pesos por ellos, pero preferí guardarlos por seguridad. Esto, más que un gasto, es una inversión”.
Más allá de lo monetario, la fiebre de Panini demuestra que, cada cuatro años, en el Parque de las Madres de Valledupar, la felicidad se puede resumir en una frase tan simple como: “¡Pásame el pegante, que por fin nos salió la difícil!”.






