El olor a humo con gasolina fue inevitable; el ruido de motores de alto cilindraje opacó la música proveniente de los parlantes; ayer el destino de los miles de vallenatos no fue precisamente una zambullido en las frías aguas de Hurtado, sino la recreación que implica una fiesta de velocidad.
Ronald Rangel fue el primero en levantar los brazos en la Primera Válida Departamental de Motovelocidad, realizada en el parque El Helado de esta capital; demostró el por qué saltó de la categoría novatos a la de expertos.
“Fue más veloz que el viento”, aseguró Marcos Mendoza Daza, un arrugado vendedor de butifarras, de aquellos que la sonrisa es su arma principal para ‘enamorar’ comercialmente a sus posibles clientes.






