A Doña Olga Vásquez se le olvidó por completo que hacía pocas horas había salido de una delicada operación. Su amor de madre fue más fuerte que el dolor de una cirugía, por eso en horas de la madrugada de ayer tuvo fuerza para levantarse de su cama, encender su televisor y observar los cuatro combates de su hijo Álvaro Gómez en el Mundial de Taekwondo que se disputó en Corea.
Cada vez que habla de su hijo, sus ojos irradian orgullo. Su sonrisa se interrumpe por un gesto de dolor latente. Sin embargo, asegura: “Cuando veo un combate de mi hijo no me interesa más nada, solo quiero verlo ganar. Álvaro es un muchacho aferrado a los caminos de Dios. Siempre me ha dicho que Dios es que me tiene peleando, antes de los combates me dijo mami voy con todo, yo le respondí: dele duro y con empeño. Estoy muy contenta porque ir a un mundial es lo que él siempre quiso, sus sueños son los Juegos Olímpicos”.
Doña Olga Vásquez no oculta el orgullo de madre. Cuando le hablan de Álvaro, pareciera que el sublime encanto materno le atiborrara el corazón de elogios hacia alguien que escaló peldaños con base en trabajo y sacrificio. “Álvaro sufrió mucho cuando comenzó en el taekwondo, tuvo muchas lesiones, pero eso no lo detuvo, ahora en el mundial, siento que su carrera va en ascenso. Yo le digo pa’ lante hijo”, dijo la mujer, residente en una humilde residencia en el barrio Nueva Esperanza de Valledupar.











