Por Carlos Mario Jiménez
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Por las pequeñas calles de María La Baja, Bolívar, se paseaba un niño aficionado del fútbol, apasionado por las gambetas de Ronaldo Luis Nazario de Lima y la potencia en el medio campo de Freddy Eusebio Rincón Valencia. Jamás pensó que a seis horas de su pueblo natal encontraría su futuro en el balompié. Y menos en un llamado a la Selección Colombia.
Valledupar, considerada buena ciudad por su diversa cultura, su gente amable y las riquezas entregadas por las melodías del folclor vallenato, se encargó de abrir un camino en la vida del adolescente de 14 años, que ha pasado su vida por varias ciudades de Colombia.






