Said se levantó ayer más temprano que de costumbre; su sonrisa no la dejó a un lado, tampoco su inocencia típica de un niño de su edad. Su sudadera azul desteñida no fue inconveniente para dar trancos largos y rápidos, como un verdadero campeón sobre las pistas.
Trata de olvidar su pasado, se juega su futuro como aquel gladiador que nunca deja su espada; Samir lucha contra el reloj, también con su condición social de niño de la calle, que busca en el deporte una manera de encontrar un nuevo estilo de vida.
Su trajinar tiene una escenografía que palpa la realidad de miles de infantes que divagan sin rumbo fijo: la calle es su mejor refugio. Aprendió a limpiar vidrios en los semáforos para conseguir algo de comer y ‘alimentar’ su condición de niño, que un día fue golpeado por la indiferencia del seno familiar.






