Cuando en 1999 las balas asesinas segaron la vida de José Luis Gutiérrez Zabaleta, el corregimiento de Badillo se vistió de luto. Y el fútbol también, porque uno de sus baluartes murió y quedó debiendo muchos goles y gambetas.
Al año siguiente, no dudaron en ponerle su nombre a la cancha del pueblo, escenario en donde los nuevos talentos comienzan a forjarse, incluso, los ‘rodillones’ lo toman como su principal espacio para no quedarse en ‘fuera de lugar’ en el tiempo libre.
Aquellos cultivadores de arroz encuentran en la redonda un pretexto para oxigenar una jornada laborar y hacerle un gol a los recuerdos violentos que aún perduran entre algunos.











