El cantante Amín Martínez, proveniente de una familia humilde, de campo, salió de su casa a estudiar a Santa Marta para cumplir el sueño de su papá de convertirse en médico veterinario, pero su pasión por la música lo llevó a tomar rumbos distintos.
El oriundo de Mandinguilla, una vereda ubicada en Chimichagua, Cesar, se involucró en el mundo artístico cuando, viviendo pensionado en la ciudad de Santa Marta, escuchó el son de la caja, la guacharaca y el acordeón en una parranda.
“Una noche, casi a las 9:00 de la noche, escuché una caja, pero se escuchaba cerquita, y le dije a la señora donde vivía que yo quería ir donde sonaba esa caja, eso le rogué para que me dejara ir, y me fui. Y cuando llego allá, qué sorpresa, escucho a Adanies Díaz, Ismael Rudas, y como pude entré y me puse a hacer los coros y todo el mundo quedó asombrado”, contó el artista en una entrevista que dio al comunicador Fito Osorio.











