Aunque fui invitado a conversar con otros escritores sobre los cuentos de una ciudad infinita, no pude asistir a la FELVA 2026. Me moría por ir, pero era mi deber quedarme. Mi agenda se complicó y tuve que viajar a Barranquilla para atender las clases de una especialización. Así son las cosas del destino.
Es el último día de la FELVA y sigo en Barranquilla. Estoy encerrado en el cuarto de un hotel, frente al computador portátil y con unos whiskys encima. Escribo estas letras que detallan mi tristeza, mi ausencia sentimental. Hace unas horas estuve hablando por teléfono con algunos amigos de Valledupar. Me contaron anécdotas y cuentos buenos que ya son costumbre de la feria. Supe que la organización ha sido impecable, que los autores invitados han colmado las expectativas y que el público ha concurrido de manera masiva.
—Estoy muy feliz, es una fiesta bonita —dijo el profesor José Atuesta Mindiola.






