La riqueza lírica del departamento del Cesar vuelve a ser noticia en el ámbito nacional. Los poetas vallenatos Luis Alfredo Aarón Leonis y José Atuesta Mendiola se alzaron con el primer y segundo lugar, respectivamente, en la tercera versión del Concurso Nacional de Poesía Ambiental “Flor de Cayena”, un prestigioso certamen organizado desde Cumaral (Meta) por la Fundación Biotaviva.
El concurso, que este año recibió 331 poemas de autores residentes en Colombia y en el exterior, tuvo como exigencia principal que las obras versaran sobre la preservación de la naturaleza y el grito de auxilio del medio ambiente. El jurado calificador —integrado por los destacados escritores y docentes María Elena León, Hermes Bernal y Miyer Pineda— otorgó por unanimidad los máximos galardones a las plumas cesarenses, destacando su impecable trabajo con el lenguaje y su profunda sensibilidad estética y crítica.
El primer puesto fue para el poema “El hombre que duda del árbol (canto a Kanimpana)”, de Luis Alfredo Aarón, una pieza de hondo arraigo ancestral que conecta la memoria del territorio con la cosmovisión indígena de la Sierra Nevada. Por su parte, el reconocido maestro José Atuesta Mendiola obtuvo el segundo lugar con “El árbol no miente”, una obra de fina orfebrería vegetal que canta a la luz, la lluvia y la urgencia de proteger la vida silvestre.
A continuación, EL PILÓN se complace en presentar, para sus lectores, las dos composiciones que consagraron la poesía vallenata en las llanuras del Meta.
Los poetas vallenatos Luis Alfredo Aarón Leonis y José Atuesta Mendiola se alzaron con el primer y segundo lugar
El hombre que duda del árbol (canto a Kanimpana)
(Por Luis Alfredo Aarón)
El árbol recuerda antes que nosotros.
Pero yo lo he visto guardar silencio
cuando el hacha pronuncia su destino.
Kanimpana, mi padre, le enseñó
a la savia el camino invisible del aire,
y al agua la paciencia de los peces.
Yo camino. No soy de aquí del todo.
Recojo del suelo las palabras
que el viento olvida, y algunas conchas
todavía sangran.
Hermano kogui, tú miras el árbol mayor
como quien regresa del agua sagrada.
Yo lo miro como quien pregunta.
Hay un temblor en la corteza,
una memoria que no nos pertenece,
un idioma ancestral que
no aprendimos a escuchar?
Dicen que el árbol estaba primero,
antes del fuego, antes del miedo,
antes de que el hombre
soltara el salmo de su sombra.
No, el árbol no responde
al golpe del machete.
Pero guarda el silencio,
más hondo que el agua,
más viejo que el aire,
y algo en nosotros
recuerda tarde
que también fuimos una raíz.
El árbol no miente
(Por José Atuesta Mendiola)
El árbol no miente.
Con los espejos del sol
abre sus hojas
y empieza a leer
los fonemas de la luz.
En la polifonía vegetal,
el verde no tartamudea:
su voz derrama
la esencia vital del aire
y los sonidos
transparentes de la lluvia.
El atril de las ramas:
nido maternal de pájaros
que pintan alas en el viento
y regresan con su canto
a la casa del origen.
El árbol no tiene dueño,
pero no esconde el temor
de que alguien
azote de ausencia
el verdor de su escultura
y acelere
los saltos de la muerte.





