Su conciencia le decía que aquello era ilegal y que podía causar daño. Su sobreprotección hacia una persona que quería mucho la llevó a cruzar la línea. Su indecisión la hizo pensar, pero fue débil para decir “no”. Su delito: preparar brownies con estupefacientes. Su pasado: expolicía. Su realidad: una captura y la prisión. Su libro, en el que cuenta su error, el antes y el después de su vida, Antesala de la Puerta 8. Su presente y futuro: un ser humano nuevo, transformado y lleno de esperanza. Su nombre, Diana Elena Montiel.
Después de dos años y seis meses en la cárcel, Diana recuperó la libertad el 8 de mayo de 2025. “No me condenaron, estuve un año sin defensa —afirma—. Mi hijo y yo ahorramos para un buen abogado, y demostramos que los delitos imputados no eran los míos. Reconozco que preparé los brownies, pero no cometí los otros cinco delitos que se me acusaban. Por eso estoy en libertad”.
La vida a Diana, sin pedirle permiso, se le partió en dos. Ella conoció ese quiebre. Un día impartió orden en las calles vistiendo el uniforme de la Policía Nacional, y fue maestra después, y otro día, le tocó aprender a respirar tras las rejas, donde, incluso, planeó su suicidio. Pero allí, tuvo una revelación que le tendió un hilo para sostenerse y escucharse y entenderse y perdonarse, porque su vida, aunque ella no lo viera entonces, tendría un mañana. Su voz, apagada porque ella solo quería castigarse por el error cometido, empezó a volver.











