Carlos, podrías contarnos cómo fue tu encuentro con los libros, la lectura y la literatura.
Yo jugaba en el equipo de fútbol juvenil de La Paz, Cesar, era delantero, nueve, hacía entre quince y veinte goles por temporada. De hecho, ganamos dos veces la Liga Departamental y competimos en otras regiones. Una vez me llamaron para entrenar con la selección Cesar, traté de hacer las cosas bien, pero no quedé en la lista final que jugó el zonal Caribe. Entonces, en un arranque de autocrítica, tal vez extraño en un muchacho de quince años a quien nada le parecía imposible, concluí que no era lo suficientemente bueno para convertirme en jugador profesional.
Me faltaba ser más potente, veloz y habilidoso. Así que decidí apostarle todo al estudio para salir adelante. Estaba haciendo décimo de bachillerato, mi familia no era adinerada y no podía seguir perdiendo el tiempo. Desde ese momento me propuse a dejar de ser un estudiante indisciplinado, mediocre. Comencé a visitar con mayor frecuencia la biblioteca municipal de La Paz, que fue donde crecí.Leí algunos libros de ciencias sociales y matemáticas para resolver las tareas escolares, pero luego me cautivó de forma perturbadora el mundo de la literatura: García Márquez, Rulfo, Cortázar, Quiroga, Monterroso. Descubrí, a través de la lectura, otros espacios y otros tiempos. Hasta traté de escribir una novela que se llamaba El cabaret del río muerto. Ya estaba perdido, mi destino era narrar historias.
Julio Cortázar prefería hablar de correspondencia en vez de influencias, ¿Cuáles han sido esos autores con que has dialogado o debatido en tu formación de escritor?
Mencionaré a esos que más consulto, que son un referente para mí: Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Rubem Fonseca, Roberto Bolaño, Guillermo Arriaga, Raymond Carver, Charles Bukowski y William Burroughs. Ellos me han ayudado a construir un estilo donde predomina la brevedad, la fluidez, las diversas estructuras narrativas, la acción y el salvajismo.











