En una entrevista que circula en las redes sociales, Poncho Zuleta hizo un comentario que se escucha con alguna frecuencia en relación con el origen de la música vallenata. Afirma Poncho que el vallenato es originario de La Guajira y que Valledupar, si acaso, aporta un 5 % a este género musical. Algunos guajiros regionalistas repiten esta afirmación con el argumento de que el acordeón entró por La Guajira y que con él nace la música vallenata, lo cual refuerzan con algo así como el mito fundacional representado en la leyenda de Francisco “El Hombre”. Ambos argumentos parecen coherentes, pero carecen de veracidad.
El espacio de esta columna me limita a exponer solo dos argumentos para rebatir esta afirmación. El primero lo extraigo del libro “Música de una historia”, escrito por el compositor e investigador Tomás Darío Gutiérrez. Esta obra es fruto de una investigación de rigurosidad científica y se remonta a varios siglos atrás en la historia, no del Cesar y La Guajira, sino de lo que el autor llama la nación Chimila, que se extendía desde Fonseca hasta Tamalameque y desde la serranía de Perijá hasta la Ciénaga Grande de Santa Marta, es decir, parte de los actuales departamentos del Cesar, La Guajira y Magdalena. Contrario a lo mencionado por Poncho Zuleta, esta obra expone con evidencias que la etnia chimila fue muy prolífica en cantos que entonaban con infinidad de instrumentos propios, como la guacharaca y otros con alguna similitud con la caja y el acordeón. La llegada de europeos y africanos favoreció la gradual evolución de los cantos que se transmitían de generación a generación.
La vaquería, tan arraigada en estas tierras desde el inicio mismo de la colonia, también tuvo un vínculo trascendental con este género musical. La caja africana y el acordeón europeo terminaron de moldear la música vallenata que durante el siglo anterior tuvo tres grandes escuelas o epicentros: Fonseca (Guajira), Valledupar y El Paso (Cesar). Posteriormente se diseminó por muchos pueblos del sur de La Guajira y el norte y centro del Cesar, principalmente. La Guajira ha tenido protagonismo indiscutible en la evolución del vallenato, con músicos como Chico Bolaño, Luis Enrique Martínez, Emiliano Zuleta Baquero, etc. Igualmente, Valledupar y el Cesar hicieron un aporte sustancial a esta música, tanto que entre los más antiguos y mejores compositores se cuentan Tobías Enrique Pumarejo, Rafael Escalona y Gustavo Gutiérrez (todos cesarenses).
El otro argumento es numérico. Como es lógico, no voy a comparar el departamento de La Guajira con Valledupar, sino con el departamento del Cesar. Dejo al lector esta información: el primer rey vallenato fue del Cesar. De los primeros diez reyes vallenatos, tres son guajiros y cuatro cesarenses; de los cuatro grandes del vallenato (Oñate, Poncho, Rafael Orozco y Diomedes), dos son guajiros y dos cesarenses, y los cuatro que les siguen (Silvio, Beto, Geles y Villazón) guardan la misma paridad. El tres veces rey vallenato, Alfredo Gutiérrez, es sucreño, pero su gen musical proviene de La Paz (Cesar). No hay espacio para seguir.
La población del sur de La Guajira y del norte del Cesar heredó la tradición musical de los chimilas, quienes además legaron la guacharaca. Los primeros juglares, creativos y auténticos, adoptaron primero la caja y por último el acordeón, para modernizar los cantos nativos hasta definir sus puyas, sones, paseos y merengues para gloria de la música vallenata. Por algo el vallenato lleva ese nombre.









