Todos llegaron de partes distintas y por motivos diferentes, pero hoy el propósito es el mismo: tener una casa propia. Muchos vinieron del sur del Cesar, otros abandonaron sus fincas por temor a ser asesinados, pero llegaron a la que creen su tierra prometida, en donde buscaban la tranquilidad que les despojaron de sus lugares de origen los grupos al margen de la ley.
Desde entonces 30 hectáreas de tierra al sur de Valledupar se fueron poblando ilegalmente y hoy en este predio viven cerca de 3 mil familias, que esperan ser incluidas en los proyectos de vivienda de interés social del Estado y la Alcaldía Municipal.
La realidad de la invasión Tierra Prometida hoy, es similar a la de las otras invasiones de Valledupar, puesto que paulatinamente han ido desarrollando actividades propias de una vida “normal”,como levantar una vivienda de material o montar una tienda en una casa de barro.






