Si Valledupar no cuenta con escombrera
“Yo lucho porque mi barrio se respete y que me amenacen cuantas veces quieran, pero mientras tenga ojos para ver, no permitiré que la margen del Río sea la escombrera del Valle”, afirma Rosalba Londoño, líder comunal del barrio Pescaíto, aunque en vano, porque pese a sus altercados, la indiferencia de los cargueros de escombros sigue depositando en cercanía al río Guatapurí, los desechos de las obras civiles que se realizan en la ciudad.
Son incontables las cargas que a diario entran hacia la orilla del Río, donde ni el control de la policía ambiental ha sido suficiente para mermar el inconsciente daño ocasionado por los carromuleros y cargueros que han visto en este territorio, la acometida perfecta para librarse de los desechos de obras civiles, sin dejar atrás que los desechos médicos también van a parar a los tumultos de basuras que han cambiado el nivel del suelo.
Realizando un recorrido por los barrios, de la ciudad, la situación es similar, en Los Cocos, Los Mayales, Villa Haydith, Villa Dariana y donde aún permanecen lotes sin construcción, son los más aprovechados para estas prácticas que terminan por afectar a los habitantes cercanos.
La raíz del problema
Como particularmente son llamadas en la capital del país, ‘las escombreras’ tienen su lugar, sumadas a las ilegales, en las que una ‘volquetada’ cuesta entre 80 mil y 150 mil pesos, convirtiendo en material de trabajo, lo que para unos es desecho.
En Valledupar no se cuenta con ninguna escombrera, aunque actualmente la Administración dispuso de un espacio cerca para depositar los escombros de las obras de Emdupar, son pocos los volqueteros y los carromuleros que llegan hasta el lugar, depositándolos en cualquier parte.
En la pasada administración, la secretaría de Gobierno hizo alarde de un Comparendo Ambiental, el cual sería aplicado a los cargueros con tracción animal, cuando las capacitaciones no alcanzaron para hacer tomar conciencia a los carromuleros de que sólo debían transportar material verde, y con una teoría sin bases sólidas, puesto que valdría preguntarse entonces, ¿hacia dónde van los escombros? Y ¿qué deberían hacer entonces los habitantes de la ciudad que realizan construcciones en sus viviendas?
Aunque el Comparendo parecía ser el ‘contentillo’ para la comunidad que lleva años padeciendo lo que parece ser ‘impiedad’ de los carromuleros y volqueteros, los nuevos tiempos revelan que en la Administración municipal las historias no se han iniciado desde el principio, sino que se ha echado mano de las obras anteriores, que buenas o malas, se les da secuencia construyendo un nefasto vació de necesidad en las comunidades.






