Regalando a otros de lo que Dios le ofrece, Luis Antonio Acevedo Cantillo adelanta una misión loable en diferentes rincones de Valledupar y sus alrededores, por lo que es catalogado por quienes lo conocen como un sembrador de amor y paz.
Con su sombrero blanco y en su vieja bicicleta llega todos los días a las 6:30 de la mañana a alimentar a las palomas de la plaza Alfonso López, tomando la bolsa de maíz que lleva en sus manos y mientras esparce los granos al suelo entona cánticos de alabanza.
De allí se traslada a la Casa de la Cultura, la plazoleta de la Gobernación, El Carmen y La Garita donde realiza la misma labor desde hace un año y tres meses.






