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Los niños que habitan las invasiones piden atención del Estado y la sociedad

Durante todo este mes los niños y niñas de Valledupar están recibiendo atención especial, toda vez que en abril se celebra el Día del Niño y la Recreación en Colombia; sin embargo, en el casco urbano, hay muchos de ellos que siguen viviendo la cruda realidad que les tocó enfrentar desde su primera infancia. Se […]

Los niños que habitan las invasiones piden atención del Estado y la sociedad

Los niños que habitan las invasiones piden atención del Estado y la sociedad

Por:

@el_pilon

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Durante todo este mes los niños y niñas de Valledupar están recibiendo atención especial, toda vez que en abril se celebra el Día del Niño y la Recreación en Colombia; sin embargo, en el casco urbano, hay muchos de ellos que siguen viviendo la cruda realidad que les tocó enfrentar desde su primera infancia. Se trata de los niños y niñas que viven en las invasiones, esos terrenos en los que se respira, se vive, miseria y abandono.
Hace algunos meses, la administración municipal realizó la diligencia de desalojo de la invasión la Fe ubicada en el entorno del barrio Villa Taxi, después del “huracán” llegó la calma y con ella el abandono de las entidades comprometidas en brindar apoyo a la niñez desamparada.
En la actualidad aún permanecen familias desplazadas en ese lugar en los que también conviven niños que le hacen el quite a la indiferencia de los mayores con cualquier juguete viejo con el que puedan jugar.

El derecho al juego

Los niños de la invasión la Fe son menores que como todos,  necesitan la protección del Estado y que se les garantice el respeto a sus derechos, uno de ellos, el juego.
En ese lugar,  los niños no tienen ninguna posibilidad de divertirse,  aunque algunos, los mayorcitos,  acuden al parque más cercano, otros,  los más pequeños y vulnerables, tienen que conformarse con hacerle compañía a sus padres, toda vez que el gobierno y las entidades comprometidas con la infancia se han olvidado – según los pocos invasores que habitan el lugar- de brindar mayores oportunidades de recreación a los más pequeñitos.
Milena Amaya López vive con su esposo y su pequeña hija de año y medio en un rancho de tablas y plástico con el que esperan resistir las lluvias que se avecinan. Milena cuenta que por ese lugar no llega nadie, ni las autoridades municipales ni el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para apoyarlos en las necesidades que puedan tener los menores y mucho menos con actividades lúdicas o recreativas, derecho fundamental de los niños y niñas.

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