Por María Ruth Mosquera / EL PILÓN
Especial para El Pilón
La vieja Pacha’ no regresará. Si alguna reparación le ha de hacer el Estado colombiano, tras la separación de su familia y la destrucción de su proyecto de vida a manos de grupos armados, tendrá que ser en un lugar distinto y distante a Las Minas de Hiracal, un corregimiento de Pueblo Bello en donde quedaron sepultados su esposo, dos de sus hijos, sus sueños y su historia.
La única vez que probó regresar, los recuerdos le hirieron el corazón. Esa vez, algunos de sus paisanos, sobrevivientes como ella, la levantaron y la sacaron del pueblo con la certeza de que no volvería nunca más. Le dolió hasta el llanto, pese a que habían trascurrido siete años desde que ella, con lo que quedaba de su familia y el resto de habitantes se desplazaran sin rumbo fijo. Algunos solo llevaban consigo la ropa que tenían puesta. Ni siquiera alcanzaron a hacerle el duelo a sus muertos.






