Parqueadero del estadio enmontado
La oscuridad y los atracos constantes se han convertido en el diario vivir de los residentes de los barrios Pablo Sexto y Guatapurí, quienes dejaron en el recuerdo la costumbre costeña de sentarse en las terrazas de sus casas para departir con los vecinos. Desde hace algún tiempo pasaron a vivir tras las rejas y los candados, para no ser atacados por los consumidores de drogas y ladrones que se han adueñado del sector.
Afirman los vecinos que el abandono de la Administración ha sido bien aprovechado por viciosos, quienes han dañado la poca iluminación del sector para hacer de las suyas y amanecer refugiados bajo la oscuridad de los árboles de caucho que le han dado el nombre al barrio ‘pulmón de Valledupar’.
Pese a las constantes peticiones de los habitantes, las autoridades no hacen presencia en el barrio, puesto que las llamadas a la Policía resultan una pérdida de tiempo porque son indiferentes ante la presencia de los drogadictos.
Los habitantes de Pablo Sexto aseguran que ya se les hace normal ver a los viciosos consumiendo marihuana, a las parejas internarse en los solares, y los atracos a los desprevenidos transeúntes.
Un caso reciente






