Ayer la hora del almuerzo no fue tan alegre para los comensales de la Fundación Social Parroquial “Cristo llama a tu puerta” de la iglesia Tres Aves María, puesto que a su llegada no fueron recibidos como de costumbre con sus mesas y platos servidos, sino con sillas a manera de auditorio para informarles que la fundación cerraría sus puertas.
El lugar que desde el año 2002 fue constituido como el comedor comunitario que atiende a vendedores ambulantes, ancianos, niños e indigentes, en sus inicios recibió ayudas de la comunidad, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y de algunas empresas privadas; pero con el infortunio de que con el paso del tiempo y posiblemente por la situación económica, han quedado en el olvido.
La mendicidad se convirtió en el baluarte de los voluntarios, quienes con sus canastos recorren los pasillos del mercado y reciben la caridad de los comerciantes, mientras que Fedegan dona 17 kilos semanales de carne, Coolesar aporta leche y Servipan algunas unidades.
Pero como no sólo de pan vive el hombre, la situación en los últimos días se ha agudizado y mientras Fray Mauro anhela que su ‘Jerusalem’ no perezca de hambre y que la misericordia de Dios descienda sobre la Fundación, los asistentes pasan sus días para conseguir los 500 pesos diarios para acceder a su alimento, aunque durante los últimos días han tenido que alimentarse con sólo pan y agua de maíz.
El párroco Ramón Rodríguez, a quien sus muchos años delatan el cansancio físico pero con la misma buena voluntad, aún camina en búsqueda de aquellas personas que piensen como él y manifiesten que “el hambre de su pueblo no tiene vacaciones”.
Aunque muchas veces la humanidad se considera incluyente y que no desprecia a nadie, será que usted querido lector ¿invitaría a su mesa a un indigente, a un reciclador o a un vendedor ambulante sudado y estropeado por el sol?; esta es precisamente la práctica que Fray Mauro realiza todos los días desde hace 10 años, por lo que en el año 2007 ganó premio Sirena Vallenata otorgado por el Círculo de Periodistas de Valledupar, quedándole el recuerdo en un altar que muestra con orgullo, pero con la sensación y la tristeza de que se encuentra a punto de dejar a su pueblo padeciendo de hambre.
Con la despensa vacía y con ganas de continuar con su ardua labor, el párroco hace un llamado a la comunidad de Valledupar para que apoyen esta causa y no permitan que las puertas de la Fundación se cierren, que apoyen la causa de los más débiles puesto que él comparte su casa con los que ‘valen nada’ en la sociedad, en las calles, en las zonas de tolerancia de la ciudad y que recorren por los andenes tras la oportunidad de conseguir los recursos y hacerse a su pan de cada día.
OPINIONES
Fredy Sánchez/vendedor ambulante
Nosotros somos muy pobres y nuestra alimentación depende de esta Fundación, por eso pedimos que no se cierre y que podamos continuar en esta casa. Nos preocupa que la cierren.






