Durante 12 de sus 37 años, John Jairo Ruiz, habitante del barrio Seis de Enero del municipio de La Paz, Cesar, se ha dedicado a la venta de gasolina de contrabando. Su rutina era viajar hacía Uribia, Paraguachón y Maicao, en la zona fronteriza con Venezuela, para abastecerse del combustible y regresar a casa en las denominadas ‘caravanas de la muerte’.
“Mi vida era un estrés, con la ida allá arriba a buscar gasolina yo me acostaba pensando que la Policía me iba a agarrar, que la miguita de plata que cargaba me la podían quitar los rateros para allá arriba en La Guajira, y a uno que le toca está ‘trochando’ hay mucho peligro”, relató este hombre que ahora hace parte de la Asociación de Productores y Comercializadores de Productos Lácteos de La Paz, Asoprolac.
Él junto a otras 35 habitantes de La Paz, el pasado 10 de septiembre se graduaron, tras ser capacitados durante tres meses por el Sena, en la producción de yogures, arequipes, quesos y sueros.






