Por Andrés Llamas Nova
Los habitantes viejos del barrio El Carmen, recuerdan que su sector fue centro de zonas de tolerancia, guarida de más de un pistolero o familias peligrosas; eso, en tiempos en los que aún no se hablaba de paramilitarismo urbano.
La delincuencia de la que ahora se quejan, es la de los servidores públicos que han abandonado su barrio en manos de la delincuencia y el vandalismo. Un mal que se denuncia en muchos sectores periféricos de la ciudad y que amenaza con destruir, lo que ha convertido en barrio a un conjunto de viviendas: además de su gente, sus parques, puestos de salud y corredores.






