En nuestras narices, sin el menor pudor, adjudicaron a las malas una obra que puede esperar, impopular por lo insensata, opulenta frente a tanta pobreza y necesidad, en medio de una pandemia, con empresas mineras grandes tocando retirada del Cesar dejando atrás más desempleo y desolación, con una economía campesina que pide apoyo a gritos y músicos inermes.
Hay que decirlo, la adjudicación de la construcción del Centro Cultural de la Música Vallenata en este momento es una decisión que pone en tela de juicio el criterio de cómo se está orientando el desarrollo económico y social del departamento, contradiciendo principios de eficiencia, calidad y focalización del gasto con los que un economista –como lo es Monsalvo, creo- debería estar familiarizado.
Asumo que tampoco el gobernador y su equipo, así como los de Planeación Nacional, leyeron el informe de Cesore de febrero pasado sobre la pobreza en el Cesar durante los últimos ocho años, en el que se prueba que hoy continuamos con el mismo 51.7 % de población debajo de la línea de pobreza que teníamos en el 2012, lo cual nos ubica entre los siete departamentos más pobres de Colombia.











