En el 2017, las comunidades de las veredas Dos Brazos, de Chimichagua; El Tambo, Astrea; Las Morrocoyas y Tres Unidas en Curumaní; Los Martínez y La Libertad, en Chiriguaná; Raíces bajas y Raíces Altas de Pelaya, recibieron con esperanza el anuncio que a través de un contrato de $5.315 millones por fin ingresarían al siglo XXI y tendrían energía eléctrica.
El plazo que puso la Gobernación del Cesar y el contratista fue de 8 meses para construir e instalar las redes de baja y media electrificación rural y un centro de transformación en las 8 veredas. Teniendo en cuenta que el contrato se firmó en julio de 2017, en marzo del 2018 ya podrían por fin prender el televisor o cargar una batería sin necesidad del ruido de una planta.
Sin embargo, se cumplió el plazo y la energía no llegó. Incluso, casi 4 años después, en las veredas Los Martínez y La Libertad, de Chiriguaná; y Raíces bajas y Raíces Altas de Pelaya, siguen a oscuras y las redes y postes están ‘al aire’, en detrimento de la inversión pública.











