Andrés Molina Araújo me reclama, en vibrante y bien escrita columna, que en lugar de cuestionar la presencia de la estatua de Hernando de Santana, dedique mis energías a tumbar a “nuestros verdugos”, que dice, son: “Doña Cielo, su hermano, sus dos hijos, su sobrino, los seis congresistas y los diputados que están bajo sus alas”, a los que también denomina “el régimen”. Me pide, además, que no distraiga a la opinión “con cortinas de humo ni con debates de menor calado”. Agrega, finalmente, que nos corresponde a ambos dar luces. Aquí van las mías:
EL DEBATE CULTURAL
En tiempos de agitación social todas las contradicciones cobran relevancia. Son momentos en los que es inevitable tomar partido. En este paro nacional se protesta por diversas razones. Una de ellas es la que mueve a manifestantes y comunidades indígenas a, sin olvidar sus reclamos sociales y económicos, derribar estatuas como una expresión de la confrontación política en el terreno de la cultura.











