Estamos jodidos, la semana anterior la jornada de inscripción de candidatos a las elecciones del Congreso finalizó con dos hechos espeluznantes: la inscripción, por un lado, del hijo del temido Jorge 40, exparamilitar que azotó gran parte de la región Caribe, dejando a su paso muerte, despojo y temores que aún subsisten.
Por otro lado, la sorpresiva y no menos peligrosa inscripción de William Romero, siniestro personaje que nada con agilidad en las turbulentas aguas del gobierno departamental del Cesar. Un pasado tan oscuro como el gobierno al que pertenece revelaría que no es la inocente víctima que aparenta.
En el primer caso, Jorge Rodrigo Tovar no eligió ser hijo de quien es, eso está claro, pero las curules para las víctimas tampoco se diseñaron para él.











