El fallecimiento de la abuela Isabel es de los primeros recuerdos de los inicios de mi vida. Murió en Barranquilla, y yo, que tenía cinco años de edad, me enteré de lo sucedido a través de mi padre, porque mamá, rodeada por vecinos, lloraba inconsolablemente.
De ella sé lo que comentaban sus hijos, lo que afirma su nieto César. Conozco su rostro a través de una fotografía que por años estuvo colgada en una pared de la casa de la tía Mercedes. Según mamá, la abuela estaba contenta porque estaba acercándomele, pero ocurrió lo de su muerte. También me contó que fue quien me salvó de morir a pocos meses de haber nacido.
La velaron en el primer cuarto de su casa, la que compró mi abuelo Juan, quien había muerto años antes de mi nacimiento. Casa a la que nos mudamos poco tiempo antes de su fallecimiento, y después de que quedara desocupada porque los que la habitaban: las tías Mercedes y Ana María, mi abuela, y los tíos Joaquín y Marco, se mudaron para Barranquilla.











