1. El desmantelamiento de la columna vertebral
Tras un 2025 donde el equipo estuvo a un paso de los cuadrangulares, la directiva no pudo sostener la inversión. La salida de 11 jugadores, incluyendo figuras clave como Edwin Torres y Rubén Manjarrés, dejó al equipo sin alma. Los reemplazos que llegaron fueron de un perfil inferior, lo que se tradujo en una pérdida evidente de calidad técnica.
2. Una transición táctica accidentada
El fin de la era de Hubert Bodhert marcó un antes y un después. Pasar del esquema ofensivo (4-2-3-1) de Bodhert al planteamiento ultraconservador de Camilo Ayala (5-2-3) confundió al plantel. El equipo perdió la figura del “enganche“, se volvió rígido en las transiciones y renunció a la posesión del balón, incluso cuando el marcador estaba en contra.
3. La “hoguera” de la cantera
Ante la falta de refuerzos de peso, el club optó por subir a jóvenes de la Supercopa Juvenil. Lo que debió ser un proceso de promoción gradual se convirtió en una medida desesperada. Los juveniles terminaron expuestos en un escenario de crisis (“cuando las papas quemaban”), asumiendo responsabilidades para las que aún no estaban listos y siendo señalados por la afición.






