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Simón ‘El Templa’, Zuletista de “parla” completa

Todos sus conceptos llevan como ingrediente sus sonoras carcajadas que hacen posible que a cada rato huyan las tristezas y las alegrías ocupen un lugar de privilegio. Foto Jair Pérez García.

Al llegar a su casa la puerta está cerrada y la única opción es llamarlo a su número celular que está escrito en la pared con el nombre que es conocido en Chimichagua y sus alrededores: ‘El Templa’.

Al hacerlo contesta de inmediato y luego de explicarle el motivo de la llamada dice: “De una me dirijo a mi casa para que tiremos una larga parla. Estaba dándole vueltas al paisaje y ya estoy en la cabina de mando de mi adorada bicicleta que es vieja, pero todavía da la talla”.

Demora poco y al llegar esboza gran parte de su vida que tiene todos los matices y cuenta que pecar le hace daño y que por decisión propia le sacó tarjeta roja al sufrimiento. “Eche, la vida tan corta y regalarle sufrimientos no se vale, y por eso hay que ser un bacán”, es su argumento principal.

Enseguida al preguntarle a qué se dedica, sorprende con una respuesta llena de diversas alternativas. “Me la he pasado por estos días sacándole el presupuesto al pensamiento para ver cuánto entrega, y esa tarea es complicada”.

Después de dejar los números quietos para otra mesa de trabajo expresa que “Lo que nunca ha salido de mi presupuesto es la música de los hermanos Zuleta. Esa es mi alimento gratuito, es como la Virgen Inmaculada, patrona de mi pueblo, que está siempre a mi lado. Esos cantos preclaros y ese acordeón virtuoso adornan mi corazón y arrullan mis sentimientos”.
La emoción de Simón ‘El Templa’ subió al lado de las estrellas y comenzó a cantar pedazos de varias canciones hasta aterrizar en ‘Mi hermano y yo’. Se calla un momento y manifiesta: “Esa es la canción que frena los sinsabores, que aviva la llama del folclor y encanta a cualquiera que ame el buen vallenato”.

Hace tiempo que en mi mente existía
un viejo compromiso de componer un son
se trataba de hacé una melodía
con unos cuantos versos, con todo el corazón
pero el tiempo no es corto todavía
y ya llegó el momento para poder cantar
con una nota linda
con una voz sentida
y ganas de llorar.

Para darle mayor claridad a su concepto anota. “Sin la música de los hermanos Zuleta, mi vida pasaría trabajo, las emociones estarían de luto, y sería como el pescador sin mujer que no tiene donde tirar su atarraya cuando tenga que acostarse”.

Sin pensarlo mucho relata que sabe de la historia y de los discos grabados por los hermanos Zuleta, pero que no hace alarde de eso. “Mi argumento son sus canciones que tienen las medidas exactas para gustar a sus miles de seguidores que están regados por el mundo y que se deleitan como Dios manda. Como los Zuleta no hay. Ellos son únicos, hacen parte de una excelsa dinastía. En otras palabras, son fabricantes de alegrías vallenatas”.

Petición de ‘El Templa’

El personaje Simón ‘El Templa’, le dicen así desde niño, y cuyo nombre de pila es Simón Hernández Pérez, quien cuenta con 56 años, se desempeña en diversas labores porque nunca se le ha arrugado al trabajo y lo deja muy claro. “Mi vida es un disco que ha dado miles de vueltas y como dice Poncho Zuleta, también me he comido las verdes y las maduras”.
Hace una pequeña parada y se mete por completo en el intríngulis de su existencia que cada día tiene que reinventarse para no quedarse rezagado ante los avances que el mismo hombre proporciona.

Mientras entrega sus conceptos, en una vieja grabadora que él llama ‘La reina Zuletista’, suenan canciones de estos artistas a los que quiere como a su propia familia. “En mi casa los Zuleta siempre han jugado de local y esa música en ocasiones la mezclo con algunas cervecitas para que el cuerpo esté a tono”.

Cambiando de tema, hace diversas referencias a la inseguridad reinante. “Esto está fregao por todas partes. Así como vamos se pueden robar el arco iris para venderlo color por color”. Enseguida regala sus acostumbradas carcajadas, que son el timbre para que sus queridos vecinos sepan que está entablando un ameno diálogo.

Entonces, se pone serio y dice: “Gracias por la entrevista cachetosa, bacana o Makia como dicen mis hijos, y mi gran ilusión sería ver tocar en vivo a los hermanos Zuleta, porque toda mi vida los he escuchado a la distancia. De esa manera me he enamorado de su auténtica música y ahora tengo que dar gracias al Festival Vallenato por ese merecido homenaje que le harán en Valledupar”.

Cuando menos se esperaba el singular personaje preguntó. “¿Paisano, se imagina a Simón ‘El Templa’ parado al frente de la tarima del Parque de la Leyenda Vallenata viendo a Emiliano ejecutar su maravilloso acordeón y a Poncho cantar con esa versatilidad única?”.

Le brillaron los ojos y no dijo más nada. Corrió para la tinaja a tomar agua y no pasar ese momento en seco. Volvió a dar nuevamente las gracias por tenerlo en cuenta y regresaron las carcajadas del hombre más popular de Chimichagua, y al que por su manera de ser todos lo buscan, “Por supuesto”, para enjuagar la vida con jocosidades y dejar desfilar por sus memorias canciones que tienen la marca Zuleta.

Porque cuando escucho mi triste acordeón
quisiera reírme y quisiera llorar
porque cuando escucho a mi hermano cantar
quisiera una copa llena de licor
quisiera un momento olvidar el dolor
que pasen las penas y sentirme feliz
al lado de mi hermano
con quien he batallado
para poder vivir.

 

La música de los hermanos Zuleta, es alimento musical gratuito, y el aliciente para que este ciudadano del folclor vallenato viva dichoso de la vida.

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

 

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