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Sano equilibrio

“Vanidad y mentira aparta de mí, y no me des pobreza ni riquezas, sino susténtame con el pan necesario”.  Proverbios 30,8.

La petición del autor de este proverbio revela un penetrante conocimiento de la naturaleza humana que bien vale la pena considerar y que tiene que ver con el peligro que representan los extremos. ¡Cuán difícil es encontrar el punto de equilibrio en todas las áreas de nuestras vidas! El autor toma el área financiera como campo de práctica para la aplicación del principio, pero bien puede aplicarse a cualquiera otra área de nuestras vidas. 

En el caso de la espiritualidad, muchas realidades producen bendición en nuestra vida cuando las vivimos en un sano equilibrio: la gracia debe ser equilibrada con el esfuerzo personal. La fe debe ser combinada con las obras. La verdad debe ser compensada con el espíritu. El trabajo debe ser complementado con el descanso. La fuerza del joven debe compensarse con la sabiduría del anciano. Cada uno de los elementos encuentra su máxima expresión cuando es acompañado de un opuesto que lo complementa. 

En ese sentido, existen dos maneras como podemos encarar la vida: llevando a cabo un plan de competencia constante con todo y todos aquellos que me rodean o reconociendo que existe un plan de complemento en donde el principio del equilibrio le da sentido a nuestra existencia.

Seguro que sí nos hemos percatado de la existencia de este delicado equilibrio en nuestra vida; lo que resulta llamativo es la aplicación al peligro que existe en el ámbito económico, en donde la extrema pobreza produce en las personas una desesperación que podría llevarlas a cometer el delito de robo. De hecho, esto se ha convertido en uno de los mayores problemas de la región, cada vez es más común la violencia en las calles y el atraco callejero. La población vive en constante estado de inseguridad. En el texto, el autor pide a Dios que lo libre de la desesperación que puede llevarlo a ese tipo de vida.

Lo apuesto es el peligro que trae la abundancia. Vivimos en una sociedad de consumo, culturalmente competitiva, en la que la búsqueda de bienestar económico es el principal objetivo. Dicha cosmovisión afecta a todos los estamentos de la sociedad, trayendo como consecuencia corrupción. La iglesia como cuerpo de Cristo, siempre influenciable por el ambiente en que se encuentra, también ha elaborado su propia teología de la prosperidad.

El proverbio identifica, sin embargo, el peligro que existe en la abundancia: los que tienen mucho fácilmente se olvidan de Dios. Los países y regiones más prosperas de la tierra son las que exhiben mayor dureza espiritual. La intervención de Dios en nuestra realidad es directamente proporcional con nuestras insuficiencias. A mayor necesidad, más veremos la gloria de Dios interviniente. 

Amado amigo lector: el secreto es una vida en la que todo se dé en su sana medida. Pidamos a Dios por un sano equilibrio. Como diría San Pablo: Saber vivir humildemente y tener abundancia; estar saciado como tener hambre, tener abundancia como padecer necesidad; en todo y por todo estemos enseñados, porque todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. 

Un abrazo con mis oraciones por un sano equilibrio en todo. 

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