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La inusitada violencia en la comunidad kankuama

Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta históricamente se han caracterizado por ser pacíficos pese a la intensa violencia que los azotó con grupos guerrilleros y paramilitares.

Como víctimas del conflicto armado han sido resilientes, se han organizado para renacer de las cenizas que dejó la guerra y hoy se erigen en sus territorios como pueblos autónomos y en vía de desarrollo.

Sin embargo, la reciente quema de una kankurúa, sitio sagrado para la toma decisiones políticas y culturales como comunidad, muestra que la violencia puede volver a empañar la vida de esta comunidad étnica, si no se toman medidas la incipiente violencia contra los sitios ceremoniales.

Los kankuamos pusieron muchos muertos, según cifras presentadas por los indígenas ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre el 2001 y julio de 2004, fueron asesinados 102 miembros de su etnia, y pese a que el 24 de septiembre de 2003 la Comisión Interamericana otorgó medidas cautelares a favor del pueblo indígena kankuamo, en el primer semestre de ese año fueron asesinados 55 nativos a manos de grupos armados.

No pretendemos ser alarmistas, solo señalamos ese escabroso pasado para hacer un llamado a la reflexión, que no haya más actos de violencia entre miembros de la comunidad ni por agentes externos, esperamos que siempre se recurra al diálogo, el arma más fuerte de los ‘hermanos mayores de la sierra’.

Ese ataque pirómano no puede considerarse un hecho aislado, sino como ataques sistemáticos a los sitios sagrados, teniendo en cuenta que no es la primera vez que ocurre; ya pasó algo similar en las casas ceremoniales de los corregimientos de Guatapurí y Chemesquemena, también en jurisdicción del resguardo kankuamo.

La institucionalidad debe rodear al pueblo kankuamo. Por lo pronto, la Oficina de Asuntos Étnicos del Departamento del Cesar le viene siguiendo la pista a los roces internos que se están presentando en este y otros 11 resguardos de las diferentes etnias que hay en territorio cesarense. Ojalá que esa mediación sea efectiva y prime el consenso en todos los procesos.

Ponerse de acuerdo nunca es fácil, recordemos que las actuales autoridades indígenas han tenido fuerte resistencia por parte de un grupo de kankuamos denominado ‘Atánquez Libre’, que rechaza el modelo educativo Maku Jugoki e insisten en que debe mantenerse el modelo educativo nacional impartido en las escuelas convencionales de educación ‘no étnica’ para que sus jóvenes sean más competitivos. En ese sentido hay otras confrontaciones ideológicas que esperamos se mantengan solo en los espacios de diálogos.

Nuestra invitación es a convivir en la diferencia, entre los indígenas y no indígenas, puesto que esta es una cuestión de entendimiento porque a nadie puede imponérsele una ideología, y mucho menos con la violencia, aunque se auto-reconozca o no como miembro de una etnia o raza.

Categories: Editorial
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