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John Templanza Better: la historia de un monstruo bien criado

Jhon Templaza. FOTO/CORTESÍA.

‘Limbo: Una historia de horror en el Caribe’ es la última novela del escritor barranquillero John Templanza Better. Se trata de una narración cinematográfica, sin sobras, llena de acción. Los diálogos son contundentes, los personajes son verosímiles y los escenarios causan menos miedo que incertidumbre. En ‘Limbo’ Better habla sobre brujas, hombres de dos cabezas, voces del más allá, asesinos y santas espeluznantes.

El protagonista es Sailé, un monstruo bien criado, un chico intersexual cuya inocencia no lo deja identificar con claridad el desprecio y el terror. A continuación, un diálogo con Better sobre sus delirios, sus fantasmas y sus visiones paranormales.    

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Quiero comenzar la entrevista con una pregunta que planteas en alguna parte de Limbo: “¿De qué forma escribir algo horrible sin ser exagerados?”.

Cuando escribí Limbo tenía claro algo: salir del lugar común. No sé si eso de “historia de terror” diga algo de lo que es realmente el libro. Obvio, habita el miedo en las páginas, un terror más epidérmico, en lo no evidente ocurre el asombro y eso quería darle al lector. Por ejemplo: la genial escritora ecuatoriana, María Fernanda Ampuero me dijo que tuvo que parar la lectura varias veces porque logré intranquilizarla y ponerla nerviosa. No quise elaborar un disfraz monstruoso con las palabras, por el contrario, creé una atmósfera enrarecida donde el lector lucha por permanecer en ella.

¿Se podría decir que en la novela el terror tiene más forma de desprecio que de violencia?

El horror que trabajo es el de una película muda, tipo El gabinete del Dr Caligari. Esta novela es un film perturbador y poético. En algún instante roza la violencia, aquella cabeza mutilada en nombre de la justicia es un ejemplo. Pero el terror lo producen otros estadios, otras estéticas.

¿De qué realidad, alucinación u obsesión proviene Sailé, el protagonista de esta obra?

Mis dos novelas (A la caza del chico espantapájaros y Limbo) han sido escritas bajo terribles estados de ánimo. Perdidas emocionales para ser preciso. Si lees al revés el nombre Sailé, aparece otro, y ese otro, me otorgó con su abandono el látigo capotiano con el que me flagelé durante semanas y meses. Y entonces Sailé me sacó de ese cuarto tenebroso donde estaba aislado y me fui de Barranquilla a Bogotá y allí empecé la escritura en casa de una amiga que recibió mis restos con amor. En ese apartamento se originaron varios fenómenos “paranormales” que me llenaron de bríos para darle forma al limbo en donde me hallaba. También hay una imagen de mi niñez: la primera vez que vi a un niño muerto. Lo tenían en una mesa, había dos floreros con corales y dos veladoras encendidas. Colocaron un palillo en cada párpado del niño, había muerto sin bautismo y esperaban un cura para un bautismo post mortem que evitara que fuera a parar en la nebulosa del limbo católico. Es algo que no olvido.

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Es común encontrar en las obras artísticas que hacen referencia al terror la presencia de la religión: ¿acaso la religión y el terror tienen un vínculo de hermandad al estilo de Ron/Frank, el hombre de dos cabezas que aparece en Limbo?

Mi madre y mi abuela son muy religiosas. En casa siempre hubo muchas imágenes y figuras de santos, velas encendidas de día y de noche; era un escenario terrorífico levantarse en las madrugadas y ver a los santos casi sudando por las llamas de los velones. Por ejemplo, el diario de Santa Faustina Kowalska es de horror, las apariciones con el Cristo son monstruosas y sus visiones con el limbo son como una película de zombies de George Romero. En cuanto a Ron/Frankm es casi un alter ego, tiene que ver con las múltiples personalidades que me habitan.

¿También te habita esa personalidad que conllevó a Frank a tirar a un niño a un pozo oscuro?

Así es, ese niño sigue en el pozo, a veces lo visito, le llevo algo de agua ya que el pozo ha secado. Me pide que lo saque, y he intentado hacerlo, pero pesa demasiado. Siempre le digo que a la próxima le ayudo a salir, pero no, es mi rehén como yo lo soy de la literatura.

Me llama la atención el personaje de Whelpley: ¿qué hace un vendedor de libros en un pueblo olvidado conviviendo con brujas, asesinos y hombres de dos cabezas?

Whelpley, como todos en crisantemo, huye de algo. Aunque no lo cuento, está allí después de asesinar a su mujer embarazada. Es de esos hombres tímidos del que jamás sospecharíamos tales cosas. Pero los libros son su salvación, lo mantienen tranquilo, dopado. Vive dentro de ellos, es más, piensa que lo que vive es producto de lo que lee.

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Limbo es una novela que tiene un lenguaje cinematográfico, ¿qué directores de cine influyeron en ti para escribir esta obra?

¡¡¡¡El cine!!!! Gran trampa, caja oscura de dónde emerge la luz. No soy un experto ni un cinéfilo. Me ancló en el pasado. Hay algo de (Roman) Polanski por ahí. Y también de Lynch y, aunque se note menos, de ¡¡¡Fellini!!! Lo más grande que ha parido el séptimo arte.

¿El terror que vemos diariamente en los noticieros de televisión (asesinatos, robos, desigualdad) es real o es una alucinación inacabable?

Es una película sin un fin, mala, con actores mediocres y extras como carne de cañón. Un país de utilería destinado al olvido.

¿Qué le causa terror a John Better?

Las voces que me hablan, ahora mismo hay una que me dice: sal, sal rápido, allí dentro corres peligro.

Por: Carlos César Silva.

Categories: Entrevista
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