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El pueblo lo pide

La monotonía democrática impuesta por el avasallador grupo que hoy manda a expensas de un pueblo conformista o cómplice, me anestesió en un profundo silencio, del que solo pude despertarme cuando un semanario de cobertura departamental dedicó su portada al doctor Luis Alberto Monsalvo Gnecco, asegurando que ‘el pueblo lo pide’, en clara alusión a una eventual aspiración del exgobernador.

Contrasta la portentosa gráfica con el desasosiego de algunos dirigentes políticos o incluso desprevenidos espectadores, los cuales ven al aspirante como invencible, toda vez que auguran ríos de dinero socavando voluntades, duplicando presupuestos de candidatos a alcaldías y escenográficamente poniendo en acción una faraónica campaña publicitaria que llene de terror a los contrarios y de falsa sensación de victoria a los incautos.

Creo que ese mundo de plata invertida, esas reuniones de empleados con planilla en mano, la presión a prestadores de servicios, los pactos económicos con contratistas foráneos y todas las prácticas que hemos visto ganando elecciones en nuestro departamento, solo serán importantes si el pueblo insiste en la estupidez de creer que gana dándole el triunfo a quien después lo sacrifica, en procura de saldar compromisos y satisfacer apetitos personales.

En estos casos ganando se pierde. Frase sencilla que muchos olvidan cuando llega la reactivación económica de una ostentosa campaña política, pero que indefectiblemente recordarán en la decepción del olvido pos electoral. Normalmente es lo que sucede cuando se gastan esas grandes sumas de dinero.

Aquel que literalmente compra una elección, sobre todo con costos muy altos como los acostumbrados en nuestro departamento, se siente con el derecho a ignorar los requerimientos comunitarios y con más veras aún, las ilusiones de los eventuales aliados que solo aportaron su trabajo para conseguir las victorias que festejan el último domingo de octubre cada cuatro años.

Es cierto que el pueblo debe estar pidiendo un gobernador, porque de verdad todos queremos un buen gobernador; que no deje obras inconclusas por fallas en su planeación o ejecución financiera, que no parcele entre sus seres queridos las dependencias de la administración departamental, que la inversión pública obedezca al cumplimiento de metas dentro del Plan de Desarrollo y no a la satisfacción de caprichos, que el criterio para adjudicar la construcción de obras sea técnico y no subjetivo quitándole oportunidad a los contratistas nuestros, que le rinda culto al talento y no a la desmedida adulación de los ineptos, y otras condiciones que por tema de espacio omitimos.

Entonces de nosotros depende que escojamos a un buen gobernador o no, ojalá no nos pase como con los plátanos que maduran cubiertos en papel periódico, por fuera se ven maduros, pero cuando les quitan la cáscara siguen biches por dentro. Atrevámonos a votar bien. Un abrazo.

Por Antonio María Araújo Calderón
amaraujo3@hotmail.com
@antoniomariaA

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