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El cambio climático y la línea negra

Mapa de la Línea Negra

La principal preocupación que enfrenta Colombia, respecto a los impactos del cambio climático, está en detener la deforestación, porque según la mayor organización conservacionista independiente en el mundo, WWF, en este país se han deforestado 6.578.467 hectáreas de bosque en los últimos 26 años; a esto sumemos la desaparición de los glaciares, que de acuerdo con datos del IDEAM, el área glaciar colombiana se redujo en un 60% los últimos 50 años y tiene una tendencia de pérdida anual del 3% o incluso puede ser más amplia, lo que nos deja un panorama gris oscuro, frente a la sostenibilidad del recurso hídrico de la nación.

Hoy más que antes, se está sintiendo la inconsistencia climática, por un lado el aumento constante en las temperaturas de algunas regiones del país; y de otro lado, las grandes cantidades de agua lluvia que caen generando desastres y muertes humanas; por supuesto, en lo local, estamos viviendo los rigores infernales de un tiempo sofocante e inclemente.

La deforestación en muchos lugares de la Sierra Nevada de Santa Marta permite aumentar los impactos del cambio climático. Cada árbol, no importa donde se encuentre ubicado, este en la ciudad o en el bosque, es un ser vivo que extrae agua de la tierra a través de sus raíces, liberando el vapor de agua a la atmósfera a través de sus hojas. Cuando los árboles se agrupan pueden crear grandes nubes, que abastecen los ríos de agua en el aire, cargando las nubes, que permiten luego las precipitaciones de agua lluvia, a cientos de kilómetros de distancia. Cortar árboles es como afeitar la tierra, corremos el riesgo de secar los ríos aéreos, sabiendo que la tierra depende de ellos para que llegue agua a través de la lluvia.

Cuando se desforesta o civiliza la tierra (Término empleado por los terratenientes del Caribe colombiano), los bosques perdidos generalmente son reemplazados por la agricultura y el ganado, que produce sus propias emisiones.

Los bosques de la Sierra Nevada ayudan a moderar el clima local y mantener frescos sus entornos, además de ayudar a sostener el páramo con buena humedad a partir de la transpiración de las hojas de los árboles. Un solo árbol puede transpirar cientos de litros de agua en un día. Cada 100 litro de agua tiene un efecto de enfriamiento equivalente a dos aires acondicionados domésticos por día.

Si seguimos actuando como lo hemos venido haciendo, sin tener en cuenta lo que la Naturaleza nos advierte, podremos dentro de muy poco perder este aire acondicionado arbóreo.

Solo por curiosidad, si usted vive en la ciudad, hágase bajo la sombra de un árbol y quédese allí por mínimo 5 minutos y vuelva a salir de su sombra; entonces podrá notar que la sensación térmica es por lo menos de 20 ºC de diferencia.

En los bosques, los árboles saludables liberan una gama de compuestos orgánicos volátiles que permiten una protección al suelo para que no se caliente el clima, principalmente al bloquear la energía solar entrante. Al deforestar y ayudar en la eliminación de los bosques, se elimina este efecto de enfriamiento y se dispara el calentamiento.

Con los bosques desapareciendo y la frontera verde del páramo perdiendo tamaño, los riesgos de sequía seguirán creciendo para Valledupar. Un tercio de la lluvia que cae en la cuenca del río Guatapurí proviene de la humedad generada en la misma cuenca, principalmente por los árboles que están allí.

Si bien es cierto Colombia aporta menos del 1% de emisiones de gases efecto invernadero, también lo es, el hecho de asumir este dato en términos de eficiencia. Para un departamento como el Cesar, que produce grandes cantidades de emisiones de gases efecto invernadero, por causa de la minería, y que afecta en gran medida al clima local y su frontera agrícola; aún no se ve inversiones de gran magnitud, que permita recuperar los suelos recientemente desertificados.

Cuando se deforesta para extraer carbón o minerales y se pierde un bosque, se pierde una gran cantidad de carbono que se tiene acumulado y es casi imposible recuperarlo a corto plazo, por más que se tengan las llamadas buenas prácticas mineras. Las políticas del estado colombiano suelen ser contradictorias entre ellas mismas, pareciera que las concesiones mineras fuesen una contrariedad a las políticas ambientales actuales.

Carlos Daniel Ruiz C, profesor asociado a la (EIA), afirma que “La lluvia en los Andes colombianos se está volviendo más estacional, con humedad reducida y menos nubes”. Es difícil atribuir los cambios climáticos y de la lluvia al mal uso y a las alteraciones antrópicas de la tierra. Pero día por día los equipos de investigación se concentran en afirmar que las huellas que deja la deforestación son cada vez más visibles.

El asunto del cambio climático es muy complejo, no solo porque por la posibilidad de tener que emigrar a la producción con otras energías para reemplazar los combustibles fósiles, sino que también se hace complejo, por no decir complicado, a causa de los intereses económicos y políticos de cada región.

La problemática ambiental y social que enfrentan hoy los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, junto a los habitantes de las ciudades que reciben sus beneficios ambientales, como Santa Marta, Valledupar, Riohacha, Bosconia, Ciénaga, entre tantas, es para considerarla y tenerla en cuenta; sumado a la importancia de hacerlo visible, así como la debida comprensión de los gobernantes para buscarle una solución ambiental conjunta.

Es aquí cuando cobra importancia la Línea Negra, que política y ancestralmente es la conexión del mundo material con los principios espirituales del origen de la vida, que involucra los sitios sagrados y la política territorial de las comunidades indígenas y que se relacionan con la protección de la biodiversidad. Es incomprensible que entidades estatales que suponen regulación ambiental y control territorial concedan permisos para minería tipo fracking en zonas donde se pueden alterar los ciclos del agua y sus ecosistemas.

Los pueblos de la Sierra Nevada, lo tienen mucho más claro de lo que parece, el ciclo del agua ellos, (Los cuatro Pueblos) lo han comprendido de manera propia, porque saben leer la naturaleza desde tiempos inmemorables y lo único que pretenden es dejar clara la ruta para la subsistencia del agua a partir de la conservación de la naturaleza. A mi entender, la Línea Negra nos es más que la preservación de su cultura y de los puntos de producción de agua esenciales para la sostenibilidad de quienes dependemos de ella, por ejemplo, los puntos corresponden a humedales y madre viejas conectados con las lagunas que vienen desde el páramo y el glaciar y que son los que están asociados al bosque, que aún se encuentra en la alta montaña de la Sierra, que permite que haya precipitaciones de agua lluvia y que seguirán dando vida, a la vida.

Frente a los cuestionamientos de los gremios económicos y los gobernadores, que han cuestionado un derecho adquirido, lo que se puede decir es que pretenden desconocer que la Línea Negra a nivel normativo existe desde hace décadas, así como la Consulta Previa, tiene una regulación diferenciada dentro los pueblos de la Sierra Nevada; así mismo presumen que los indígenas van a tomarse los palacios municipales y las gobernaciones.

Es inverosímil pensar que frenaran los proyectos productivos de las regiones a pequeña o a gran escala, mientras el estractivismo no sea su principal misión; de lo que si pueden estar completamente seguros es que siempre serán los guardianes y vigilantes del entorno ambiental, ya que la Línea Negra y el sistema de espacios sagrados es un instrumento de conservación del medio ambiente basado en una cultura ancestral.

Reitero con urgencia a los dirigentes políticos, tener en cuenta los resultados científicos del clima y que comiencen a abordar estas temáticas en sus territorios, para poder identificar los puntos de presión frente al cambio climático y que empiecen por adoptar políticas para proteger las precipitaciones en lugares críticos. Se tienen tareas de mitigación y políticas que rigen los flujos de los ríos. Pero los ríos de humedad en la atmósfera creo que nadie los ha medido en la Sierra Nevada.

Podría concluir diciendo que la transpiración de los árboles es esencial para generar nuevas precipitaciones a favor del viento y que debemos conservar y preservar los árboles de la Sierra Nevada de Santa Marta, no importa donde se encuentren sembrados (ciudades; veredas; bosques). Y el corazón de este proceso está en el bosque superviviente, donde la transpiración es más intensa.

Es hora de que los gremios de Colombia y los gobernantes locales salgan de su zona de confort y replanteen la noción de desarrollo y crecimiento económico basándose en principios de conservación, jalonando emprendimiento sin afectar la biodiversidad.

Por Miguelángel Sierra
@biosierra

Categories: Análisis
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