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Distopía

La inteligencia artificial generativa está mejorando ostensiblemente las características de sus productos y servicios, siendo difícil por no decir imposible, diferenciarla de la realidad. Estamos ante el más grande experimento social y muestra de ello son los millones de usuarios diarios consumiendo IA en múltiples plataformas, y billones de entradas y salidas de información y datos, sumados a los millones de dólares que se mueven en aplicaciones más sofisticadas y con salidas hiperrealistas. 

Hace poco el artista alemán Boris Eldagsen renunció al premio internacional de fotografía Sony World Photography Award 2023, al admitir honestamente que utilizó IA para averiguar qué tan preparados estaba el jurado para analizar imágenes generadas por la masificación de esta tecnología. Casi al mismo tiempo, en otra geografía, despiden a la primera persona al ser reemplazada por IA. Se trata del locutor y actor argentino Alejandro Graue, quien empezó a trabajar con un canal de YouTube haciendo doblajes, quien sorprendido se expresó en su cuenta de Twitter: “Llegó el día: me reemplazaron en un trabajo con voz generada por inteligencia artificial”. 

Otros usuarios se mostraron sorprendidos al enterarse que el material que consumen en OnlyFans es en realidad creación de la IA. Modelos de todos los gustos que sobrepasan la perfección y con las cuales ninguna mujer real puede competir en condiciones iguales. OpenAI y la empresa noruega 1X se unen para crear los primeros humanoides. Imaginen las posibilidades luego de algunos intentos fallidos. Algunos repudian la primera entrevista simulada por IA de Michael Schumacher. Parece que todo aquello que está detrás de una pantalla: voz, imagen, video y, en general, cualquier archivo digital, es susceptible de ser creado, replicado o, por lo menos, retocado por IA. Queda una línea delgada entre la ficción y la realidad.  

Con todas las posibilidades, también crece el ingenio de las actividades ilícitas. Los cyberdelincuentes crecerán exponencialmente al pedirle a potentes aplicaciones interconectadas con IA, por ejemplo, que cree una fotografía de una persona cometiendo un delito o un acto indebido y con la misma extorsionar a la persona víctima de la treta. Sin contar la vulnerabilidad de claves de acceso a plataformas de uso diario, incluso de información bancaria. Ahora adicionemos voz y video, elementos con los que interactuamos a diario. Todavía se pone peor al no poder diferenciar si la persona interlocutora al otro lado de la videollamada es real o es creación de potentes servidores de IA con miles de marcadores de datos e información de esa persona. Se pueden tener fotografías, videos, audios que las autoridades no tienen la capacidad de diferenciar si son reales o son creados por IA generativa. El riesgo del cyberbulling, extorsión, cancelación, incitación al suicidio, entre otros crece. La desinformación y la ola de noticias fake crecerán también. Las imágenes de personalidades famosas como Bladimir Putin o del Papa Francisco creadas por IA son solo el inicio, pero también la advertencia. 

En otra arista de análisis, ¿cómo sabemos qué datos están recogiendo ahora mismo los suministradores de IA? No es lógico que mientras un país latinoamericano discute si es de izquierda, centro o derecha, los países más desarrollados están debatiendo ahora mismo los efectos de la IA en las personas del común. Éstos y otros más son riesgos inminentes, pero aquí es donde los países deben, con la ayuda de los gobiernos elegidos democráticamente, trabajar paquetes legislativos que protejan toda información multimedia, mejorando los procesos de trazabilidad digital de cada archivo difundido o utilizado en la web y mejor aún, en procesos oficiales. 

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Erlin David Carpio Vega: