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Por culpa de la basura

La petición del gremio de carromuleros de Valledupar, que hoy hace su reconversión, lleva varios años esperando respuesta. Necesitan un sitio para botar los residuos de las podas y los escombros. No lo han logrado y por eso –de manera incontrolada- lo hacen en cualquier lote enmontado y que no esté a la vista de las autoridades.

Este parecería un asunto fácil de solucionar, solo basta con sancionar a los carromuleros que arrojan la basura y listo. Pero no es así. Valledupar no cuenta con ese espacio para botar las podas, el que siempre han dicho podría funcionar perfectamente en el Vivero Municipal. El problema es que tampoco hay Vivero Municipal, por lo menos en el papel sí, pero en la realidad no.

El tema de las basuras que arrojan por doquier en Valledupar seguiría igual, si no es porque hoy estos botaderos públicos obstaculizan una importante obra en la ciudad y tienen en jaque al contratista que ya hizo un llamado vehemente para que las autoridades locales tomen cartas en el asunto.

Se trata de la obra que realiza el Siva en la calle 44 para conectar con la carrera cuarta, sitio que desde siempre ha sido el botadero preferido de los carromuleros en esta parte del municipio. Sí las obras siguen y las basuras también, será una vía hecha para el basurero de podas. ¿Qué hacer?

Le corresponde al alcalde de Valledupar, Augusto Ramírez Uhía y su equipo de trabajo buscarle una pronta solución al problema, la gerente del Siva, Katrizza Morelli, ya hizo su pronunciamiento y llamó la atención de las autoridades, a las que les corresponde actuar “frente a un grave problema ambiental porque el sector se ha convertido en foco de criadero de roedores mosquitos, malos olores y partículas contaminantes en el aire por las quemas, arrojando para las comunidades del sector un verdadero problema social y de salud pública; nosotros pedimos a los ‘carromuleros’ que no arrojen estos desechos en el sector porque atentan con la continuidad de la obra y deterioran lo que ya se ha construido”.

De hecho esta situación ayudará seguramente a desentrabar el terreno del Vivero Municipal, que tiene un litigio pendiente, y poner a funcionar las muchas ideas que existen a su alrededor, como aprovechar al máximo la madera que generan las podas.

La ciudad tiene varios proyectos pendientes y urgentes, que no dan espera, que se han aplazado demasiado tiempo: el Vivero y el Coso Municipal son dos de ellos. Ojalá esta administración pueda sacarlos adelante, no se justifica más espera.

Categories: Editorial
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