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¿Conejo o democracia? 

El Gobierno tiene la oportunidad para acabar la polarización generada por el acuerdo con la guerrilla y, con un frente único, renegociar con las Farc. Pero parece que ha optado por lo contrario.

Las últimas declaraciones de Santos y de De la Calle señalan que no quieren hacer los cambios que necesita el acuerdo para conseguir el apoyo de quienes votaron por el No. Por un lado, insisten en que los cambios deben hacerse de manera apresurada y, por el otro, después de defender el acuerdo alcanzado, recalcan que lo que debe hacerse son solo “ajustes y precisiones”. Santos agregó que algunas propuestas “son totalmente inviables”.

Para empezar, Santos debe reconocer que perdió el plebiscito. El nacimiento del acuerdo con las Farc estaba sujeto a que se cumpliera una condición, el triunfo del Sí, y esa condición no se cumplió. Para todos los efectos, ese acuerdo no existió. Y Santos no puede implementarlo. Así lo dijo la Corte Constitucional.

Después, lo importante no es hacer un acuerdo rápido sino hacer un buen acuerdo. Tómese el tiempo que se tome. Y ello supone estudiar a fondo las propuestas presentadas, negociar con los voceros del No y acordar con ellos lo que se le presentará a la guerrilla.

Después, Santos debe reconocer que el anterior no era un buen acuerdo: dividió a la sociedad y ahondó la polarización y fue rechazado por la mayoría de los ciudadanos. Más allá de la tentación de defender la obra propia, Santos debe hacer los cambios necesarios para conseguir el apoyo de los promotores del No a un nuevo acuerdo. No serán meros “ajustes y precisiones”.

Aunque no son los únicos, dos temas sustantivos tienen que modificarse de raíz. Uno, el modelo de justicia transicional por fuera de la rama judicial y con jueces extranjeros y su propuesta de impunidad de facto para los crímenes internacionales de las Farc. El otro, los premios de participación política para los guerrilleros. Sobre estos dos asuntos ha habido un rechazo inequívoco de la ciudadanía, una y otra vez, en todas las encuestas. En el plebiscito también fueron objetados, con independencia de si al Presidente o a las Farc los cambios en estos puntos les parecen “inviables”.

Santos está en una encrucijada. Puede hacer un frente republicano y renegociar con las Farc, haciéndoles entender que lo que pudieron antes ya no se puede ahora. O puede aliarse con las Farc para hacerle conejo a la democracia y humillar a la oposición que lo venció el dos de octubre.

Respetar la decisión ciudadana es, en realidad, su único mandato. No puede resguardarse en su polémica elección del 14. Si respeta el resultado del plebiscito, habrá honrado el Nobel. Si no, si se monta en desconocer el triunfo el No, no solo quebrará el sistema democrático y violará la sentencia de la Corte Constitucional, sino que nos llevará al abismo.

Por Rafael Nieto Loaiza

 

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