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Al oído del Ministro de Agricultura

Por: Indalecio Dangond Baquero

De las cinco locomotoras que el presidente Santos ha anunciado para lograr la prosperidad democrática, no me cabe la menor duda que la más complicada, pero no imposible de mover, es la del sector agropecuario. Por ello, el primer mandatario no dudó un instante en designar como ministro de agricultura al doctor Juan Camilo Retrepo, un líder de vieja guardia que ha tenido una carrera brillante en su paso por la Junta Monetaria, la Federación de Cafeteros, la Superintendencia Bancaria, los Ministerios de Minas, y de Hacienda, y el Congreso de la República, entre otros.

Hace un tiempo advertí, en esta columna, que al ministro le había tocado bailar con la más fea porque el sector agropecuario venía fuertemente golpeado por la ausencia de una Política de Estado que evitara los graves problemas que afronta hoy el sector por problemas de corrupción de las anteriores administraciones, el frustrado programa de AIS, el fracaso de las UMATAS en la prestación del servicio de asistencia técnica, la falta de una política de precios y comercialización de la leche, carne, cereales, algodón y demás productos.

No deja de preocupar el obsoleto esquema de financiamiento a través de FINAGRO, el desorden en la adjudicación de predios por parte del INCODER, el pobrísimo y disfuncional papel que han jugado CORPOICA, COLCIENCIAS e ICA  en el fomento de la agro-biotecnología, ciencia y tecnología y el control sanitario, la ausencia de centros de formación técnica y profesional de educación rural, la precariedad de las vías rurales, las altas tarifas de energía rural, la politización del Banco Agrario y demás entidades del ministerio y factores externos como la revaluación, la adversidad del clima y el cierre de las importaciones de los países vecinos, que tiene ahogados a nuestros productores del campo.

Es por este orden de consideraciones que debemos despejar, por lo menos, los siguientes interrogantes: ¿Qué y cuánta agricultura queremos? ¿Qué y cuánta agricultura necesitamos? ¿Qué y cuánta agricultura estamos en condiciones de pagar como Nación? Y ¿Qué y cuáles instrumentos debemos implementar, para mover esta locomotora?.

Por tal razón ministro, recomiendo constituir “Una Mesa Agrícola” con los grandes productores del país como “Maquinistas de la Locomotora” con el fin de realizar un trabajo de evaluación y definición de las políticas sectoriales que requiere el agro colombiano en el mediano y largo plazo. Se trata de definir una política de Estado que exprese cual es la visión que tenemos de la Colombia silvo-agropecuaria en el mediano plazo, y cuáles son los caminos que, como país, debemos recorrer para el logro de tales metas?.
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Decía Nikolai Bukharin, un economista soviético, que “En la economía  las soluciones rinden más que los problemas; en la política, los problemas valen mucho más que las soluciones”. Con base en esta reflexión deberíamos dedicarnos mucho más a la economía, que a la política cuando de solucionar los problemas del agro se trate.

idangond@opeforestal.com

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