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Adiós a Espeleta

Carlos Espeleta recibiendo el trofeo como homenajeado de la Barra Shanghái el 5 de diciembre de 2017. FOTO/CORTESÍA.

Nunca ha sido un buen augurio las llamadas en la madrugada. Pocas veces son buenas noticias las que se reciben a esas horas, y como una crónica de una muerte anunciada, la madrigada del 28 de agosto siendo las 5 aproximadamente, y cuando me encontraba en el silencio de la primera mañana, leyendo la revista Semana, recibí la llamada de mi compadre ‘Bore’ Luque quien era portador de una terrible noticia: “aja compadre porque me llama tan temprano”, le dije, respondiéndome: “compadrito murió Carlitos”. No hay peor manera de iniciar el día, con la noticia del fallecimiento de un ser querido.

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Carlos Espeleta Jiménez, murió a los 85 años, casi un siglo llevado con éxito por la buena vida. Hizo lo que quiso, parrandero insigne, bohemio empedernido, un narrador innato y cuenta chistes de corazón, su casa fue un tertuliadero para muchas generaciones de viejos y jóvenes parranderos.

Su mayor y emblemática pilatuna fue cuando conoció al amor de su vida, una niña de Yarumal Antioquia, Olga Salazar Rondón, mujer criada en la honorable casa de Elvira Celedon y su hijo, el doctor Cristóbal. Preocupada la vicaria por el frecuente merodeo de Espeleta por la cuadra y presintiendo sus deshonrosos intereses, teniendo conocimiento de la fama de bohemio descontrolado de Espeleta intentó frenar esos amores; a la bella Olga le fueron prohibidas las salidas a la calle, manteniéndola bajo llave. Pero los deseos de ‘Carlitos’ iban más allá de una simple tranca y convenció a su amada de fugarse, modalidad utilizada en la época para los amores prohibidos. Esta chanza de estos pelaos enamorados duró más de 60 años, tuvo frutos de 10 hijos y seguro continúa hasta la eternidad.

Espeleta tenía en sus venas el don musical. Desde muy joven estuvo encompinchado con artistas musicales de aquellos tiempos, que con el paso de los años se convirtieron en maestros de nuestro folklor como Gustavo Gutiérrez, José Jorge Arregoces, Hugues Martínez,  entre otros, fue así que con este selecto grupo  a mediados de los años 50 fundaron el Trío Serenata, este fue su primer pinino en el campo musical, con los años este trío se agranda en miembros, incluyendo a otros 2 grandes exponentes de la música romántica, Raúl Moncaleano y el gran ‘Quinqui’, y cambiando su nombre al Trio Malanga; con el transcurrir de las décadas los miembros de este grupo han finalizado su vida terrenal y otros se encuentran con los achaques propios de los años trajinados, Espeleta ayudo crear el Trio Colibrí, que nació en el Callejón de la Purrututú, conformado por Jesús Zuleta y el profesor Oswaldo Jiménez; en los últimos años de vida de este trío se unieron Filiberto Arzuaga y Pedro Arias, el atanquero.

El Bore Luque, ‘Carlitos’ Espeleta; Yelitza, reina Shanghái 2020 y William Quiroz.

La barra de la Shangai de la que Carlos era miembro se fue formando en la casa de los Quiroz Torres, donde mi tía Vitalia, en el barrio Dangond, Hilda Irreales, en el barrio 12 de Octubre y para cosas mayores en la Troja del barrio San Martín. Espeleta se unió como miembro de la Barra Shanghái al comienzo de la década de los años 70, para esa época él ya era un veterano de mil batallas, sus dotes musicales, su carisma que animaba y levantaba cualquier parranda, fue lo que lo llevo a hacer miembro emblemático de la Barra Shanghái y donde comenzó a fortalecerse el compadrazgo.

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De los amores y aventuras de ‘Carlitos’ hay mucho para contar, pero sólo contaré algunas historias, para no herir susceptibilidades y dejar “los muertos de Riohacha quietos”, me acuerdo de los amores de Victorina López Gamarra, más conocida como ‘La Negra’, esta mujer era del Banco Magdalena, quien llegó a Valledupar en la década de los 80, su físico era muy llamativo, tenía los rasgos característicos de las costeñas sobre todo en lo apoteósico de su parte trasera; ella conociendo las relaciones de ‘Carlitos’ con mi tío Aníbal Martínez, Contralor General de la República, quería que intercediera en la consecución de un puesto en dicha entidad.

Un día cualquiera Espeleta estaba enguayabado, decidió ir a visitar a su amante para que le hiciera una sopa de espinazo y le leyera el periódico el Tiempo, porque era tal su resaca que no podía concentrarse en la lectura, fue tal su sorpresa que al hacerle la solicitud a ‘La Negra’, ella le dijo que no sabía ni leer ni escribir, fue tal el asombro y la desilusión de ‘Carlitos’ que decidió terminar sus amores, por muy exuberante de los atractivos de la esbelta morena no podía patrocinar su analfabetismo y menos sus intereses de trabajar en la Contraloría.

Una vez para un festival vallenato, estábamos los de la barra Shanghái parrandeando en la casa de ‘Toño’ Guerra, Carlos estaba con su nueva conquista una cachaca María Luisa Aragón, él que se sentía orgulloso de ella fue a presentársela al Contralor General y a su esposa Ana Julia, ella que es de esas mujeres vallenatas de una fama intachable, de una sola pieza, no aceptó dicho saludo e inmediatamente increpó a Espeleta diciéndole que la única mujer que reconoce y respeta era a Olga Salazar, su esposa, con la que tiene 10 hijos; Carlos tanto apenado como furibundo por la pena que le hicieron pasar, botando baba por la boca vociferaba que las Martínez estaban locas, sin embargo, mi tío Aníbal que le divirtió el hecho, apoyó a Espeleta y su barra brindando en compensación una amena parranda al día siguiente.

En 1971 siendo Alcalde Municipal de Valledupar el señor Edgardo Pupo Pupo, la ciudad estaba pasando por una crisis de inseguridad, un viernes el alcalde promulgó un decreto para contrarrestar la situación de orden público, en el cual ordenaba a la Policía que hiciera una requisa en toda la ciudad, siendo el Inspector de Policía, Carlos Espeleta quien dirigía la operación. A las 10:00 p.m. llegaron al ‘club social de los pobres, el bar Luz’, en el Barrio el Carmen; a esa hora se encontraba el señor Alcalde  con parte de su gabinete, el secretario de Gobierno, Bladis Araméndiz, secretario General, Jesús Quintero y el personero Municipal Alberto Martínez Vergara, ninguno de ellos tenía su respectiva identificación personal, como se encontraban en alto grado de alicoramiento en compañía de chicas alegres y al no ser identificados por los gendarmes, fueron trasladados a la permanente; Espeleta cuando tuvo conocimiento de la situación decidió esconderse en la tienda de la esquina tomando cerveza, cuando el alcalde fue identificado y mandó llamar al Inspector le ordenó que destruyera el decreto y lo sacara del lugar de reclusión.

Hace como 15 años Espeleta tuvo una fallida noche romántica, porque su amigo fiel no le funcionó a las 5:00 a.m. fue llorando donde su confidente Hugues Martínez, a contarle su decepción; este al ver a su compadre destrozado lo primero que pensó era que había un muerto de por medio, Espeleta no tuvo más remedio que confesar su fracaso, Hugues para darle más animo le indicó que era normal que personas después de cierta edad tuvieran esos impases en el campo amoroso, para consolarlo le brindó una cerveza y llamó a varios amigos para que le dieran apoyo moral, antes de las 8:00 a.m. había una parranda vallenata con Alfredo Araújo, Gustavo Araújo, José Jorge Arregoces, Darío Carrillo, Enrique Alfredo Rivera, Raúl Moncaleano y el gran ‘Quinqui’.

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He narrado anécdotas de amoríos pasajeros de Espeleta, con su vida de bohemio y enamorado empedernido pero nunca perdió el norte con respecto a su hogar, sus retoños y su amor eterno la bella Olga Salazar. Siempre era peleado para animar las parrandas por su espíritu alegre y su habilidad para contar chistes, si queríamos que acompañara en una fiesta había que comprometerlo con anticipación, pero también se corría el riesgo que se perdiera, porque a veces duraba varios días por fuera de su casa disfrutando con sus amigos, pero siempre volvía a su casa con su familia, su esposa e hijos.

De la vida de Espeleta se podría escribir un libro. Sus años vividos arrastran tantas historias que un cuento lleva al otro. Con la barra Shanghái se dieron casi la mitad de esas historias, la pasábamos parrandeando, perniciando y disfrutando de los placeres de la vida; éramos jóvenes solteros y sin preocupaciones. Para el año 1967, la barra decidió que todos los 7 de diciembre se iba a hacer una fiesta de gala para conmemorar el año que estaba por terminar y era obligatorio asistir con las novias oficiales y las esposas, para la fecha se determinó que se iba a hacer en la terraza de la casa de la señora Teófila Jiménez; así nació la fiesta oficial de la Shanghái que el año pasado festejamos los 52 años, con un homenaje a nuestro amigo Rafael Valle Oñate, y Espeleta como siempre uno de los principales anfitriones, el primero en llegar y sin asomo de cansancio el último en irse, fue entre los que más bailó, cantó y se disfrutó la fiesta.

Espeleta fue uno de los miembros más insignes de la Shanghái, y así fue conocido públicamente en la cultura, folklor y sociedad vallenata. En 1996 en el gobierno de Mauricio Pimienta, en pleno Festival Vallenato, en la plaza Alfonso López, fue conmemorado por el presidente Ernesto Samper con la medalla Héctor Zuleta Díaz, por ser un fiel juglar y representante de nuestra tierra. Igualmente la barra Shanghái, en el año 2005 fue condecorado.

En una presentación en el Club Valledupar del famoso trío Malanga, canta Carlos Espeleta, acompañan Gustavo Gutiérrez, Hugues Martínez y José Jorge Arregoces.

Con dolor confieso que la barra Shanghái se está desintegrando. Con la llegada de los años varios de sus miembros han sido llamados por el señor nuestro Dios a hacer parte de la vida celestial, entre ellos: Ciro Villazón, Enrique Carrillo, ‘Pateto’ Monsalvo, ‘Panita’ Baute, Dimar Rodríguez, Gustavo Salazar, Álvaro Escobar, Fredy Montero, Hugues Martínez, y lo más triste es que en los últimos 20 días hemos sufrido 2 pérdidas más con la partida a la eternidad también de Dairo Daza Calderón y el Gran Carlos Espeleta.

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Fue tan fuerte la pérdida de Carlos Espeleta, que su partida ha afligido a muchos amigos de otros departamentos con los que Carlos frecuentaba, pero lo más triste de su fallecimiento, es que ninguno de sus amigos y la gran mayoría de sus familiares, tuvimos oportunidad de acompañarlo en su última morada, por culpa de la pandemia.

No pudimos cumplirle uno de sus mayores deseos, que era un funeral lleno de alegría, un entierro majestuoso rodeado de música, acordeones, bandas, tríos y porros, todos tocando al unísono las notas musicales que tanto lo inspiraban; pero el consuelo que tenemos es que en el cielo se va a encontrar con todas las generaciones musicales que han partido de este mundo, bohemios, parranderos, músicos como él, y todos sus amigos. Cuando Dios decida llamarnos, lo estaremos acompañando y prestos a saborear una fiesta celestial. ¡Paz en tu tumba  y hasta pronto compadre!

POR: WILLIAM QUIROZ TORRES/EL PILÓN

Categories: Crónica
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