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Aceleración sin mitigación

A pesar de que algunas personas insisten en soslayar el riesgo de contagio, relajándose en las medidas de autoprotección porque dizque en nuestro departamento la actividad del servicio de cuidados intensivos permanece baja, como si este hecho diera garantía de vida, la realidad es que cada día las clínicas se llenan más de enfermos y el número de muertes va en aumento.

Los guarismos ustedes podrán consultarlos de acuerdo a su preferencia, lo destacable es que el comportamiento de la pandemia en nuestra región está igual al del país, el número de fallecimientos y casos crecen, no solo por la búsqueda activa de las entidades, la cual refleja una fotografía atrasada debido a la demora para procesar las muestras, sino por el incremento de pacientes atendidos en las urgencias y demás áreas de clínicas y hospitales. La ocupación hospitalaria hoy es preocupante.  

Apoyándose en algunos modelos epidemiológicos, dicen los epidemiólogos y salubristas que la pandemia entró en la etapa de aceleración, por lo que se espera un aumento en los casos moderados y graves, llegando a su punto máximo entre la última semana de julio y primera de agosto, para comenzar a descender hasta mediados de septiembre y estabilizarse lentamente hasta final del año.  Es decir, que la peor parte está por llegar.

Y no solo es en temas sanitarios sino también en económicos. Así es. La salud y la economía son complementarias, no son antagónicas, por eso el Estado en todos sus niveles tendrá que alternar las disposiciones saludables con medidas de mitigación económica, para evitar que el desempleo se convierta en otra pandemia, más difícil de controlar que la de la covid-19.

Las cifras son crueles, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe-CEPAL, en nuestro país hoy están amenazadas de cierre 140 mil empresas formales, de las cuales 98.708 son pequeñas.  El impacto negativo en el empleo sería catastrófico. De hecho, ya la covid-19 ha aumentado la tasa de desempleo a 24,5 % en las trece ciudades de mayor actividad productiva del país y un 44,1 % de los que aún permanecen ocupados, manifiestan haber reducido sus ingresos. La crisis económica es inminente.

¿Qué hacer entonces?, el Gobierno nacional dejó abierta la posibilidad de adecuar los planes de desarrollo a las políticas de mitigación de la pandemia, tácitamente indicando que desde departamentos y municipios debemos ser complementarios, es decir preparándonos para ser susceptibles beneficiarios de sus políticas macroeconómicas, por eso hemos insistido desde estas líneas que las inversiones no pueden ser caprichosas, ni limitarse solamente al sector salud. La inversión debe ser integral.

Los especialistas válidamente se están manifestando, la Organización Internacional del Trabajo -OIT-, propuso estrategias para contrarrestar el efecto que el confinamiento ha hecho en la economía, como por ejemplo: implementar programas masivos de capacitación y dotación para cerrar la brecha digital y enfrentar el desempleo tecnológico, de esta forma se fomenta la competitividad basada en el conocimiento; crear programas temporales de empleo público; apoyar a micro empresas invirtiendo en los cuatro pilares del desarrollo económico local, como lo son la asociatividad, la capacitación, el capital semilla y la comercialización; apoyar subsidios de empleo con márgenes de gradualidad e incentivar servicios de mercado de trabajo que incorporen mecanismos no presenciales.

El mensaje para las administraciones de turno es que no hay que inventar nada, solo hacer lo que el crucial momento exige.  Ahí está nuestra exigencia como colectivo social, por eso estaremos atentos para que gobernador y alcaldes depongan pasiones, intereses y caprichos, en procura de atender la contingencia sanitaria y económica de una mayoría invisible, víctima y tal vez cómplice de una dirigencia rapaz, voraz e insaciable, que los codifica en cifras de los faraónicos procesos electorales disfrazados de democracia.  Es hora de participar del bienestar. ¡Un abrazo!

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Antonio_Maria_Araujo: