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La eterna tragedia de Tasajera y el dolor de la costa

La costa Atlántica y Caribe, estamos de luto. Los que viajamos a Barranquilla desde Valledupar, Santa Marta o desde el interior, tomamos esa vía junto al azul mar que une a Ciénaga con la capital del Atlántico. En ese trasegar se ven esos pueblos asentados también en la gran Ciénaga del Magdalena.

Ayer el azul fue opacado por el cegador anaranjado del fuego y el postrero negro del humo que a la distancia mostraba el drama de los pobladores de Tasajera, un pueblo que históricamente ha vivido su propia tragedia, sumido en el olvido de los gobernantes que se ven en elecciones y en el que los niños juegan entre las basuras en verano y en épocas de invierno viven encaramados en sus maltrechas casas que parecen flotar en el agua.

En ocasiones resuelven con los de Pueblo Viejo, que son los mismos, parar la vía porque en sus improvisados postes de energía los cables que tienden sufren el corte o falla de Electricaribe.

Sin estar ahí, por las fotografías y videos que circularon en redes y que en nuestro compromiso como medio de comunicación también mostramos evitando la crudeza, se observó la desnudez de la realidad de nuestros pueblos, como la de los flagelados por el fuego buscando socorro, cuando sus franelas y calzoncillos ya eran cenizas. Nos recordó con dolor esos 32 escolares muertos en el incendiado bus de Fundación hace 6 años.

Ayer fue Tasajera, donde siete personas se fueron calcinados y 50 se encuentran seriamente lesionados con quemaduras de segundo y tercer grado con epidermis y daños, los más graves de cuarto grado, seguramente con órganos internos afectados, huesos y piel carbonizada.

Esos pacientes fueron trasladados al hospital San Cristóbal de Ciénaga, los más complicados a Santa Marta al cierre ya habían llegado los primeros 0cho -se dice que serán 12-  a nuestro valle; seguramente en el curso de la noche llegaron más, porque la capacidad hospitalaria en la capital del Magdalena está a medias, en Barranquilla a tope por la pandemia de la covid-19 y en la costa, la clínica de Alta Complejidad, es de las pocas especializadas en pacientes quemados.

Muchas versiones se tejen sobre lo que habría pasado por el volcamiento del camión cisterna que contenía 5.950 galones de gasolina. Versiones de que el conductor perdió el control del automotor al intentar esquivar troncos puestos en la vía como trampas de asalto. El conductor dijo ver un animal. Lo cierto, la muchedumbre llegó y los pocos policías nada podían hacer.

Es una mala costumbre saquear los carros accidentados antes de auxiliar a quienes van a bordo; hoy precisamente también volcó un camión cargado de cervezas e igualmente fue saqueado.

Se ha preguntado, si ¿no se sabía por ellos el riesgo de la gasolina; los que sin seguridad vendían gasolina venezolana en La Paz acaso tampoco lo sabían? La comprensión del riesgo y de la probabilidad de su materialización está interferida porque la recompensa se percibe más gratificante cuando resuelve una necesidad básica. Es el joven piloto narco que en un pequeño avión o en un submarino hechizo atraviesa el océano. O la del polizón. Se arriesga la vida por asegurarla, así  sea por el día.

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