Intento de Suicidio: un asunto de todos


El día 10 de septiembre fue designado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), como el Día Mundial para la Prevención de este comportamiento autodestructivo. Las tasas de suicidio en el mundo han aumentado de forma notoria, sobre todo en personas jóvenes. Este aumento, puede significar un llamado de atención para los profesionales del área de la salud mental e iniciar la comprensión de este fenómeno de formas diferentes.

Uno de los comportamientos autodestructivos es el intento de suicidio, realidad que debe verse como problema de salud pública y que se convierte en un síntoma de las múltiples situaciones difíciles a nivel emocional, familiar, social, cultural, económico, entre otros, por las cuales pasan nuestros niños y jóvenes. Estas ameritan un análisis serio.

El intento de suicidio no es un juego de niños, tal como la plantean Vásquez y Quijano en su investigación “Cuando el Intento de Suicidio es cosa de Niños”, realizada en el 2013, publicada en la Revista Colombiana de Psiquiatría, muchas veces se observa desde un imaginario social, como un simple acto de “llamar la atención”. Siendo este un tema complejo y doloroso, tanto para los niños y adolescentes como para sus familiares, implica para los profesionales, educadores, familiares, padres, cuidadores y sociedad en general, darle importancia a lo que nuestros niños, niñas, adolescentes, jóvenes, manifiestan como sus propias angustias, miedos, frustraciones, emociones, entre otros; es decir, escucharlos en serio, pues ellos también cargan con preocupaciones propias de su ciclo vital y así como las preocupaciones de los adultos,  sus asuntos también son de ¡“vida o muerte”!

Pues ciertamente, en medio de los afanes de la vida cotidiana, en nuestras familias, no se tienen los espacios de convivencia y de comunicación, necesarios para que todos y cada uno de los miembros de la familia, sean adultos, niños, jóvenes o adultos mayores, se sientan escuchados y apoyados, independientemente del estrato socioeconómico al cual se pertenezca.

En la investigación realizada por Vásquez y Quijano, el grupo de pacientes analizados, mantiene la constante de un adolescente, cuyo primer intento de suicidio fue por intoxicación de medicamentos. Un dato de vital importancia para los padres de familia o cuidadores, ya que la mayoría de estos medicamentos, niños y jóvenes los encuentran al alcance de su mano, disponibles en cualquier parte del hogar.

Otro elemento a tener en cuenta, es que los datos estadísticos muestran que los intentos de suicidio y suicidios consumados están entre  los 12 y 18 años; sin embargo, también hay niños  menores de 12 años, que sí intentan suicidarse, pero que en ocasiones son clasificados como accidentes del hogar, sin prestarle la debida atención a este acto.

Se hace necesario realizar, en este día, un llamado de atención a los padres y cuidadores, para que no descarten atender con profesionales lo que hasta ahora, con vergüenza han querido llamar “accidente casero” y el intento de suicidio de menores de 12 años y adolescentes, no pase por alto, sin obtener apoyo profesional.

El Intento de suicidio no es un juego de niños, las causas de su ocurrencia son multidimensionales, entre estos, factores asociados a  trastornos de ansiedad y depresión, con una fuerte asociación con disfunción cognitiva como factor de vulnerabilidad. Según Vásquez y Quijano (2013), otros factores que pueden estar relacionados con las condiciones de vulnerabilidad en las cuales se encuentra el menor de 12 años y los adolescentes, tales como situación de pobreza, marginación social, discapacidad física o cognitiva, disfuncionalidad familiar, violencia intrafamiliar, abuso sexual, niveles altos de exigencia para su edad, dificultades en la identidad y orientación sexual, presión de pares,  entre otros.

Los intentos de suicidio en niños y adolescentes, dejan muchas preguntas, tales como ¿Por qué lo hizo?, ¿lo hizo para castigarme?, ¿qué le falta?, ¿por qué quiere llamar la atención de esta manera?. Igualmente, entran en juego los imaginarios sociales, el “¿qué van a pensar los demás?”, ¿por qué será, que a nuestra familia siempre le sucede lo peor?, entre otras. Estas son preguntas que desde la academia, a través de proyectos de investigación desearíamos ayudar a responder. Es mucho el camino que nos falta por recorrer, pero es una labor urgente, pues los niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, necesitan ser escuchados y darles el apoyo que requieran, según sus diversas necesidades.

Por: Adriana Silva Silva.

Docente del Programa de Psicología- Fundación Universitaria del Área Andina